Editorial

Urge reactivar la economía con una transformación productiva

Una recesión con crecimiento cercano al 4% debería ser motivo de profundo análisis por parte de las autoridades económicas. El problema surge porque un sector importante está reduciendo su consumo, e incluso se reduce la demanda de mano de obra, con lo cual la economía puede entrar en un peligroso círculo vicioso, retrocediendo en determinados indicadores en los que el país ha puesto mucho esfuerzo. Se deben implementar medidas a aplicar en el corto plazo, pero que tengan efectos en el mediano plazo, para garantizar cambios sustanciales en la estructura económica.

Un aumento del producto del 3,5% –tal como ha sido estimado por el FMI recientemente– es un crecimiento interesante, ya que se mantiene por arriba del aumento de la población. Esto significa que la torta no deja de agrandarse y debería haber suficiente para que incluso mejoren las condiciones económicas de las familias paraguayas.

Sin embargo, al parecer, ese crecimiento está teniendo poco o ningún efecto en gran parte de la población, lo que ya empieza a ser sentido por el sector empresarial. La recesión por la que atraviesan los países vecinos también afecta, sobre todo a las empresas exportadoras. Un caso emblemático es el de Manufacturas de Pilar, cuyos directivos solicitaron reducir la producción y, con ello, el tiempo de trabajo. El sector empresarial está solicitando medidas excepcionales para enfrentar la “recesión”. Estas medidas deben ser analizadas en profundidad, ya que malas decisiones llevarán a soluciones altamente costosas para el país y con resultados coyunturales.

Dado que no se espera un aumento en los niveles de crecimiento a largo plazo, cualquier medida que se implemente debe tomar en cuenta esta situación. El país no está en condición de endeudarse más para solucionar coyunturalmente un problema que se extenderá por los próximos años, por lo cual las políticas que se implementen deben ser capaces de contribuir a un cambio en la estructura económica y que permita un mayor efecto multiplicador en el futuro.

Un ejemplo son las obras públicas. Cada una de estas tiene costos-beneficios diferenciados. Si el objetivo es que confluya la necesidad de mejorar las condiciones de vida de la población con la reactivación económica a través de la inversión pública, es necesario evaluar qué tipo de obras, dónde y para quién. Con el mismo monto de dinero se obtendrán diferentes resultados en términos de empleos directos e indirectos, expansión del consumo y retornos a largo plazo. Una situación similar se da en el caso de la agricultura.

La agricultura familiar tiene efectos muy diferentes en el consumo a los de la producción para la exportación. En el primer caso no solo se beneficia un sector altamente intensivo en trabajo, sino también la población que consume estos alimentos, en su mayoría, en las ciudades.

El control del contrabando –medida indispensable– tiene mayores efectos positivos que negativos cuando se trata de productos que compiten con los nacionales; por lo tanto, no está en discusión la necesidad de dedicarle esfuerzo. Las autoridades económicas deben tomar estas decisiones con datos ciertos acerca de los costos y efectos posibles, superando cualquier posibilidad de trato privilegiado a sectores o grupos económicos.

Pero además los resultados que se logren deben tender a superar este modelo económico que aun con tasas relativamente elevadas de crecimiento no logran generar empleos y aumentar ingresos, manteniendo sin cambios la pobreza y las desigualdades.

Este nivel de crecimiento tiene una proyección de largo plazo; por lo tanto, requiere de cambios estructurales porque ningún Estado puede financiar planes de reactivación de manera indefinida.

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