Opinión

Urge que Brasil y Paraguay acuerden una vía común de lucha contra la mafia

La seguridad en las fronteras no puede seguir a la deriva, como hasta ahora. Los puntos limítrofes compartidos con Brasil, Argentina y Bolivia son, en gran parte, tierra de nadie porque las instituciones nacionales a las que compete su control están ausentes o son muy débiles. Urge establecer una política de sólida presencia y, al mismo tiempo, negociar con los vecinos formas de cooperación más eficaces.

El presidente brasileño Luiz Inácio Lula Da Silva anunció en la semana pasada que hoy se reúne con su colega paraguayo Fernando Lugo para hablar - entre otros temas- sobre las medidas conjuntas a adoptar para combatir la delincuencia en la frontera común.

El intento de asesinato del senador Robert Acevedo hizo que Pedro Juan Caballero - colindante con la ciudad brasileña de Ponta Porá- adquiriera visibilidad relevante como escenario habitual de operaciones y ajustes de cuentas entre bandas rivales del narcotráfico y otros ramos de la delincuencia regional.

En el Departamento de Amambay hay constantes evidencias de la presencia del Primer Comando Capital (PCC), que tiene su epicentro en San Pablo, y el Comando Vermelho (CV), de Río de Janeiro. La disputa por la supremacía en el negocio de las drogas, a menudo, ofrece episodios sangrientos en las calles pedrojuaninas o en otros lugares del Departamento de Amambay. Los gratuitamente afectados - que son la mayoría- , tanto en el lado paraguayo como en el brasileño, no tienen por qué ser parte de historias que no les pertenecen y les involucran de manera pasiva.

No hay que olvidar que el brazo largo de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), entroncado ahora con el Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), y grupos mafiosos vinculados al tráfico de armas y el contrabando son también parte de la compleja trama delictiva que se mueve en la región.

Si bien el ojo de tormenta está ubicado en Pedro Juan, es imposible excluir del planteamiento del problema delictivo a Ciudad del Este/Foz de Yguazú y Salto del Guairá/Guaíra, junto a otras poblaciones menores de la frontera.

Por lo tanto, el tema debe ser abordado como una totalidad con rasgos comunes y diferenciados que implicará énfasis diferentes, pero con el denominador común de fortalecer la seguridad en ambos lados de la demarcación de límites.

En materia de enfrentamiento con las mafias, ya existe una cooperación entre ambas naciones. Es necesario, sin embargo, que no solo se refuerce sino que se articulen organismos binacionales para trabajar de manera orgánica, reforzar el número del personal de seguridad, utilizar tecnología de punta, compartir información y convertir el empeño en una causa común.

Aunque llega de manera tardía, es plausible que parta de Lula la iniciativa de abordar el espinoso tema. Es posible que por esa vía terminen las incómodas situaciones de despliegues de fuerzas militares en la frontera con el Paraguay, más parecidos a una amenaza contra la soberanía nacional antes que a una demostración de fuerza para amedrentar a los delincuentes.

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