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Universidades no acreditadas siguen engañando a estudiantes

Al no contar ni siquiera con una carrera certificada en calidad por la Agencia Nacional de Evaluación y Acreditación de la Educación Superior (Aneaes), existen aún 20 universidades privadas que estafan a sus estudiantes, ya que los títulos otorgados no tendrán el mismo peso de los entregados por instituciones de nivel terciario que ya pasaron la fiscalización obligatoria. Es inadmisible que esas casas de estudios sigan jugando con las ilusiones de jóvenes que aspiran progresar en la vida a través de una carrera universitaria. El Consejo Nacional de Educación Superior (Cones) y la Aneaes deberían ocuparse con más ahínco de la ampliación de su capacidad de gestión y, además, ver los mecanismos para cerrar las carreras carentes de aprobación.

La acreditación de calidad otorgada por la Aneaes implica que una carrera universitaria reúne las condiciones mínimas esenciales exigidas como para que el título que otorga sea respaldado por conocimientos rigurosos que han de permitir a un profesional desenvolverse con eficiencia en el medio en el que trabaje.

Si una carrera no cuenta con la aprobación de la Aneaes significa que está por debajo de la línea de idoneidades teóricas y prácticas que un estudiante debe adquirir para ser un buen profesional en la rama de sus estudios.Hoy en día, según un informe oficial de la Aneaes, de un total de 54 universidades, 20 del sector privado ni siquiera cuentan con una rama de sus ofertas educativas aprobadas.

Ello implica que los estudiantes pagan por una educación que poco les va a servir porque carecen de los conocimientos profundos que una carrera terciaria debería proporcionarles y sus títulos van a ser relegados a planos secundarios cuando las empresas o instituciones requieran de sus servicios.Yendo al plano de lo práctico, será muy distinta la consideración que un médico recibido en la facultad de una carrera acreditada tenga frente a uno que llegue sin esa garantía.

En medio de esta realidad, se observa que la ausencia de solidez de la formación de la secundaria hace que muchos estudiantes ni siquiera se ocupen de averiguar en las páginas de internet que proporcionan informaciones oficiales acerca de las carreras de las distintas universidades si las que pretenden seguir están o no acreditadas.

Allí es donde aparece la expresa mala fe de las universidades que inscriben a los alumnos sin reunir plenamente las condiciones requeridas. Si fueran honestas tendrían que advertir a los postulantes que no cuentan con el aval de la certificación oficial. Es necesario admitir que las capacidades de gestión tanto de la Aneaes como del Cones son limitadas porque los políticos del Parlamento –muchos de ellos tienen intereses creados en relación a las universidades– han reducido sus presupuestos de tal modo a cortarles las alas de manera expresa. Ambas tendrían que pelear a brazo partido para superar esa crónica limitación para acelerar las acreditaciones o inhabilitar las carreras sin el aval de las exigencias cumplidas.

En la lucha por la calidad en la educación terciaria no se puede seguir en la situación actual. Urge un golpe de timón, un cambio urgente. De lo contrario, miles de estudiantes volverán a ser engañados este año por universidades que les ofrecen carreras sin futuro.

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