Hace algún tiempo, un grupo de amigos hablaba de la posibilidad de escribir una biografía de Stroessner. Uno de los presentes dio la opinión que fue aceptada por los demás: ¿quién quiere emprender una tarea tan desagradable? Recordé la conversación al leer la Autobiografía del general Francisco Franco, de Manuel Vázquez Montalbán (1939-2003). Se trata de una novela escrita en forma de autobiografía por el gran escritor español.
Relata la historia de un intelectual español a quien un editor le pide una biografía de Franco. El escritor acepta y escribe el libro como una autobiografía: supuestamente, es el propio Franco quien relata su vida; desde su propio y peculiar punto de vista. Pero, como notas al pie de página, el biógrafo agrega sus comentarios: general, usted dice eso, pero en realidad hizo esto; se olvida de tal cosa, etc. Y así el libro ficticio se desarrolla en dos niveles: como un elogio y como una crítica del régimen terminado con la desaparición física del “caudillo de España por la gracia de Dios”, como se hacía llamar Franco.
El fascismo es una ideología irracional y, como buen fascista, Franco deliró como sus correligionarios del Tercer Reich; como ellos, quiso fabricar oro y descubrir el rayo de la muerte. En 1939, anunció que en España abundaban el oro y el petróleo. En 1940, inventó el modo de fabricar gasolina empleando flores y hierbas mezcladas con agua del río.
Son algunos aspectos cómicos del fascismo español, que los tuvo siniestros. La insurrección militar contra el gobierno legítimo, imposible sin la ayuda directa de Hitler y Mussolini, fue el comienzo de la Guerra Civil Española (1936-1939), con cerca de un millón de muertes.
Con la apertura democrática que siguió a la muerte de Franco, hubo una exhaustiva investigación histórica de los abusos de la tiranía y mucha literatura de ficción sobre el punto; a esa línea pertenece la Autobiografía... Pero en 2008, el juez español Garzón fue sancionado por investigar las masacres franquistas. En 2011, la Academia de la Historia española publicó una historia sin mencionar la represión franquista. La ficción se anticipó a la realidad. En la Autobiografía..., publicada en 1992, el editor corrige el manuscrito del biógrafo para disculpar a Franco, porque al público no le interesan las cuestiones polémicas.
A veinticinco años del derrocamiento de Stroessner, no se ha hecho todo lo debido para recuperar la memoria de la represión stronista, y por eso me he permitido comentar el libro de Vázquez Montalbán, un hombre tan admirable como su obra.