Opinión

Un retrato del país de los amigos

Fernando Boccia Torres – fernando-boccia@uhora.com.py

Pasó relativamente desapercibido, considerando su contenido. Cuenta con 572 páginas y otros 3.000 documentos de anexo. Fue dado a la luz pública luego de meses de pedidos de informes, toma de declaraciones y análisis de documentos.

El informe final de la Comisión Bicameral de Investigación que indagó las conexiones de Darío Messer en Paraguay narra la historia de un hombre que desde la década del 80 estaba bajo la mira policial en Brasil por lavar millones y millones de dólares y, cómo un día ese hombre decidió venir a Paraguay, en coincidencia con la incursión a la política de su amigo íntimo, Horacio Cartes.

A partir de ahí, es una historia de funcionarios negligentes e instituciones indolentes; de amigos poderosos y de bonos perdidos; de operaciones sospechosas y de un silencio cómplice.

El informe hace un recuento de la intervención que tuvo cada una de las entidades que, se supone, deberían haber prevenido que Messer –un cambista acusado en Brasil de liderar una red mundial de lavado de dinero que movió 1.600 millones de dólares– blanquee dinero de origen ilícito a través del sistema financiero paraguayo. Desde el Banco Nacional de Fomento hasta el Ministerio de Hacienda, pasando por la Superintendencia de Bancos y la Secretaría de Prevención de Lavado de Dinero o Bienes (Seprelad). Ninguna fue capaz de evitar que un hombre extranjero, que movía dinero a paraísos fiscales y que debería haber levantado alertas en cualquier banco, opere sin problemas en todo el país.

En 2011, Messer pudo crear una cuenta en el BNF sin siquiera presentar una cédula: apenas mostró una supuesta contraseña que le dieron antes de otorgar el documento.

Así comenzó a recibir giros de exóticos lugares como Luxemburgo e Islas Vírgenes. Sin embargo, el banco recién en el 2015 generó un Reporte de Operaciones Sospechosas a la Seprelad –apenas una comunicación sobre un movimiento financiero que pudiera estar ligado al lavado de capitales– cuando las empresas del señor Messer comenzaron a interesarse en la compra de bonos del Estado paraguayo.

Acá surge otro punto bastante peculiar de todo esto. ¿Podría haberse usado los bonos del propio Estado para lavar dinero sucio? Todo parece apuntar que sí. No solo la Comisión Bicameral confirmó que firmas vinculadas a Messer compraron los llamados bonos soberanos, sino que, también se encontró con que Hacienda no “tiene una trazabilidad de origen y seguimiento a los tenedores finales de los bonos emitidos por el Estado paraguayo”, lo cual, cuanto menos, es preocupante ya que se trata finalmente de acreedores de todos los paraguayos.

Coincidentemente, días después de la presentación del informe final –que sugiere la investigación fiscal a unas 17 personas que ocuparon y ocupan cargos incluso en el anterior y actual Gobierno, entre ellas al ex presidente de la República Horacio Cartes– llegaron al país fiscales brasileños para charlar con sus pares paraguayos sobre el prófugo mejor amigo de Cartes. Aclararon a la prensa, que Cartes no está investigado en Brasil por el Lava Jato y que Messer lavó aproximadamente 100 millones de dólares en Paraguay. En realidad la sospecha de varios sectores políticos sobre Cartes siempre fue sobre el posible encubrimiento que pudo haber dado en suelo paraguayo a su amigo, no precisamente sus acciones en Brasil.

Messer no fue desenmascarado por ningún organismo paraguayo. Las reacciones locales vinieron en cadena una vez que el cambista fue acusado, por la Justicia brasileña, de haber montado un esquema internacional de lavado. Ahí, los funcionarios paraguayos despertaron de su prolongado letargo.

El informe de la Comisión Bicameral nos recuerda que en el Paraguay moderno no hay regulación, normativa, ni institución que pueda frenar a un extranjero con mucho capital y buenos contactos, en las más altas esferas del poder político y económico.

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