Correo Semanal

Un buen viaje

 

Blas Brítez

Cuando el poeta y novelista español Benjamín Prado entrevistó a Leonard Cohen, para la revista Rolling Stones en 1992, el artista canadiense se sorprendió de que el autor de Mala gente que camina no le hubiera llevado ningún disco para firmárselo, sino dos libros. Un poemario y una novela. “Leonard Cohen -escribió Prado, quince años después de la entrevista y en el primer aniversario de la muerte de Cohen- son tres escritores diferentes que son el mismo poeta; sus obras pueden estar en verso, en prosa o dentro de una canción, pero siempre logran lo que consigue un buen poema: transformar las palabras en un encantamiento”.

No hay manera de estar en desacuerdo con Prado. El genuino y primigenio amor de Cohen, fue siempre por la literatura. Estuvo peleada con ella al principio, como los artistas están peleados en la búsqueda de su voz, pero el conocimiento y el amor de la eternizada Marianne Ihlen reencauzó su camino literario por medio de la música. Y Cohen fue lo que fue y lo que será: uno de los grandes poetas musicales, como pudieron haberlo sido François Villon o Emiliano R. Fernández. Gracias a Marianne.

Poco antes de que ella muriera, Leonard le escribió una carta que le fue entregado por el cineasta Jan Mollestad. Sin acceso, por ahora, al original, Mollestad afirmó en 2016 que el sentido último de la misiva era este: “Bueno, Marianne, ha llegado el momento en el que somos tan viejos y nuestros cuerpos se están desmoronando, que creo que te seguiré muy pronto.

Estoy tan cerca de ti que si extiendes tu mano, podrás alcanzar la mía. Sabes que siempre te he querido por tu belleza y por tu sabiduría, pero ahora solo quiero desearte un buen viaje. Adiós, vieja amiga. Mi amor infinito, nos vemos al final del camino”. Leonard murió meses después.

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