Opinión

Traslados

Raúl Ramírez Bogado – @Raulramirezpy

La movida semana anterior mostró lo frágil de la seguridad con que se realizan los traslados de presos y la corrupción existente. Lo ideal sería crear una fuerza especial que se encargue de eso en forma exclusiva, como los Marshals de los Estados Unidos. Pero –como estamos lejos de eso– lo que se puso de moda fueron las videoconferencias, y se reclamó que los jueces vayan a los penales para las audiencias.

Sin embargo, hay que analizar bien nuestra realidad. Ayer, se hizo la preliminar de dos reclusos que estaban en la cárcel regional de Pedro Juan Caballero. Para ello, en aquella ciudad, el Ministerio de Justicia montó un sistema para realizar la audiencia, y el otro se preparó en los tribunales.

La queja fue la velocidad de conexión, ya que se realiza por la aplicación Skype, y no por una videoconferencia, según explicaron. A esto se sumó que solo hay un equipo en el Poder Judicial, y el Ministerio de Justicia tenía otro.

Tenemos el caso de una jueza que tiene siete reclusos para la preliminar, todos en penales distintos. Esto hace imposible hacer la diligencia de esta manera, ya que no existen aún los suficientes equipos para ello.

Con esta situación, cómo se pretenderá realizar las videoconferencias para las audiencias cuando que solo en Asunción hay 12 juzgados de Garantías y 2 de Delitos Económicos.

Ahora, como es difícil realizar las audiencias por este sistema, tenemos entonces que los jueces deben constituirse en las cárceles para evitar todo lo que implica el traslado de internos hasta el Palacio de Justicia.

Y aquí tropezamos con otro problema. Justamente, por esta falta de seguridad, por lo menos en la capital, ninguno de los magistrados de Garantías quiere ir a las prisiones.

“Imagínense que un juez sea secuestrado o tomado como rehén en el penal, durante la audiencia”, dijo un magistrado. Otra comentó que cuando visitaba las cárceles como defensora pública, antes de ser jueza, era escoltada por “tres presos con chalecos” como medida de seguridad.

Y la cosa no termina ahí. En los juicios orales hechos en las prisiones, uno relató que en el Buen Pastor tuvieron que hacer el juicio en el templo que fue preparado para el efecto.

En Tacumbú también acondicionaron un tinglado para hacer el juzgamiento. En ambos casos, el público estaba compuesto por los mismos reclusos. Y la seguridad, bueno, entre 3 y 4 guardiacárceles.

En las redes sociales, principalmente, donde cada uno opina –la mayoría de las veces sin conocimiento de causa, salvo honrosas excepciones–, se quejan de jueces y fiscales porque “no quieren salir de sus oficinas” para hacer las audiencias en los penales.

No obstante, estos puntos deben ser tenidos en cuenta. Si ni siquiera se puede asegurar la seguridad en un traslado desde los reclusorios hasta los tribunales, porque no se puso de “alta peligrosidad”, imagínense cómo sería la seguridad donde unos 70 guardiacárceles, en dos turnos, deben resguardar a casi cuatro mil internos.

El peligro es real. No olvidemos que un extraditable mató a una joven en la Agrupación Especializada. Tenemos reclusos del Comando Vermelho y del Primer Comando Capital (PCC), que se alían a los clanes paraguayos.

Asimismo, los abogados se quejan de que ven a sus defendidos sin las mínimas medidas de seguridad. Por ello, no es solo imaginación.

Entonces, ante esta realidad, tampoco les podemos pedir a los jueces, fiscales y abogados defensores que sean héroes y vayan a las hacinadas cárceles, donde ni siquiera existen lugares apropiados para realizar las audiencias y expongan su integridad física de esa manera.

Aseguremos por lo menos las condiciones mínimas para hacer seguras las audiencias, o en su caso, equipar las prisiones con verdaderos equipos de videoconferencias para poder exigirles; caso contrario, deberán seguir los traslados a los tribunales.

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