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Trabajo renovado por el desarrollo sostenible en Paraguay del PNUD

Para la nueva realidad se priorizaron cuatro áreas integradas mediante un estudio de mapeo de las demandas inmediatas de los países: gobernanza, protección social, economía verde y alteración digital.

Por Silvia Morimoto, representante del PNUD

¡El mundo post-Covid nos exige más resiliencia, más cooperación! Para lograrlo, necesitamos cambiar el paradigma. Ya no podemos basarnos en “la fórmula vieja”. El mero crecimiento económico no es una respuesta eficiente ni suficiente. Se hace imperioso incluir una mirada de triple impacto que contemple –además de lo económico–, lo social y lo ambiental.

Desde el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), apostamos a un proceso de transformación y reinvención apoyando a más de 170 países y territorios alrededor del mundo. Debemos repensar, reinventar y reconstruir un mundo acorde con las necesidades y realidades del tiempo que nos toca vivir: un mundo más sostenible, más inclusivo, más resiliente; un mundo mejor para todos.

El contexto que nos impone el Covid, sin duda, es el mayor desafío que hemos enfrentado desde la Segunda Guerra Mundial. Por primera vez desde 1990 –el año que el Índice de Desarrollo Humano del PNUD fue creado–, el desarrollo humano tiene una clara tendencia de retroceso. En esta coyuntura se requerirá de inversiones sin precedentes en áreas como salud, educación, protección ambiental, infraestructura, energía sostenible, desarrollo rural, paz, seguridad, acciones para enfrentar el cambio climático; solo por citar algunas áreas que precisan una relevante y urgente atención.

Desde esta coyuntura trabajamos para promover el cambio y conectar a los países con conocimientos, experiencias y recursos necesarios para encontrar soluciones innovadoras que nos permitan mejorar la calidad de vida de la gente y mantener los avances del desarrollo.

La Agenda 2030, un acuerdo global histórico acordado por 193 países del mundo en el 2015, nos desafía y a la vez nos brinda herramientas. Con sus 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), nos ofrece una hoja de ruta para proteger al planeta para futuras generaciones, consolidar la paz mundial, alcanzar la prosperidad para todos, reducir las desigualdades y garantizar el pleno desarrollo humano; en otras palabras: promover un desarrollo inclusivo y sostenible.

Para transitar exitosamente nuestra hoja de ruta, nuestra visión compartida de desarrollo y combatir los impactos negativos del Covid, es indispensable sumar fuerzas entre todos los sectores: gobierno, sector privado, organizaciones de la sociedad civil y la academia. Hoy, más que nunca, las palabras “alianza” y “cooperación” cobran vigencia, con rango de indispensable en una coyuntura que se muestra compleja si no se obra desde el más puro concepto de la colaboración.

LOS DESAFÍOS: GOBERNANZA, PROTECCIÓN SOCIAL, ECONOMÍA VERDE Y ALTERACIÓN DIGITAL. Para esa nueva realidad, el PNUD identificó y priorizó cuatro áreas integradas mediante un estudio de mapeo de las demandas inmediatas y emergentes de los países en que trabajamos: gobernanza, protección social, economía verde y alteración digital.

La gobernanza cobra vital importancia a medida que aumenta la presión sobre los gobiernos para gestionar la crisis y la incertidumbre, prestar servicios digitalizados, permitir el acceso a la información y la protección social, operar de manera transparente y efectiva, y rendir cuentas. Un nuevo contrato social exige a los gobiernos y a la sociedad civil trabajar en conjunto para promover la cohesión social y la igualdad de género, y en simultáneo defender los derechos humanos y el estado de derecho.

La protección social, incluidas las transferencias monetarias, la cobertura universal de salud y el acceso a servicios esenciales, son centrales para erradicar las desigualdades que impregnaban las sociedades antes del Covid y que hoy se hacen claramente visibles. Las iniciativas de promoción de la igualdad de género conducen una ola de cambios que debe recibir apoyo para abordar la discriminación y los prejuicios emanados de normas sociales arraigadas, entre otras cosas, en torno a la redistribución del trabajo de cuidados no remunerados, el liderazgo y la esfera digital. Los Gobiernos necesitan margen fiscal para invertir en estas áreas. La solidaridad y alianzas público-privadas serán fundamentales para instituir sistemas de protección social resilientes, crear estrategias para los trabajadores de la economía informal y diseñar una nueva generación de empleos verdes resilientes que sirvan de apoyo a los emprendimientos encabezados por personas jóvenes.

ALIANZAS. La economía verde nos impulsa a restaurar el equilibrio entre la naturaleza, el clima y la economía. Este es el momento de recuperar el equilibrio entre las personas y el planeta mediante el diseño y soluciones basadas en la naturaleza y de bajo riesgo como parte de una nueva red de seguridad social para el mundo; el estímulo de alianzas público-privadas sostenibles en sectores como el ecoturismo y sistemas de transporte verdes; la transformación de la agricultura para dejar de ser emisora y convertirse en sumidero de carbono; y acciones integradas con el sector sanitario para combatir la contaminación atmosférica que provoca la muerte de siete millones de personas por año.

La transformación e innovación digital requieren una velocidad a escala. Con las escuelas cerradas y las claras diferencias en el acceso al aprendizaje en línea, la Oficina del Informe sobre Desarrollo Humano del PNUD estima que el 86% de las niñas y los niños de la enseñanza primaria ahora se encuentran fuera de la escuela en países con bajos niveles de desarrollo humano; en comparación con solo el 20% en los países donde estos índices son muy altos. Este es el mayor retroceso registrado en la educación desde la década de 1980. Superar la brecha en el acceso a internet reduciría a la mitad el retroceso mediante el retorno de las niñas y los niños a la educación, aunque de manera remota. El auge de la enseñanza en línea, el teletrabajo, la telemedicina y los pagos digitales que se realizan durante la crisis actual son apenas la punta del iceberg. La inversión en la transformación digital impulsa en simultáneo la respuesta a la pandemia y el establecimiento de las bases para una aceleración más allá de la recuperación.

Sin lugar a dudas, ¡necesitamos cambiar el paradigma para acelerar la implementación de la Agenda 2030! ¿Cómo lo hacemos? Promoviendo la resiliencia y la cooperación, colaborando de manera intersectorial, identificando los cuellos de botella que causan los problemas estructurales, derribando nichos, trabajando de manera integrada, adaptando y promoviendo soluciones de aceleración innovadoras entre los países.

Tenemos un gran desafío para implementar la Agenda. Necesitamos promover nuevas formas de desarrollo que ofrezcan oportunidades para financiar el desarrollo inclusivo y sostenible y promover un triple impacto (social, ambiental y económico). Debemos mirar al frente, al futuro y tomar acción inmediata. Diseñar y construir juntos un nuevo paradigma integrado e integrador que acompañe el desarrollo y el avance del país, sin dejar a nadie atrás.

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