Por Juan Montaner
En China, Mao Zedong impuso un sistema económico que significó la muerte, por su inoperancia, de 30 millones de personas. Fue la hambruna de los años 60. Y hay que sumar otros 60 millones de muertos por razones políticas.
El premio Nobel Gao Xingjiang describe cuando su alter ego va a ver el cuerpo congelado de Mao. Lo hace en medio de un montón de gente. En medio del montón, Gao Xingjiang escribió “El libro de un hombre solo”.
Cuando la bella Laura Adler, que fuera secretaria de Cultura de Mitterrand le entrevista, el escritor le dice que “no existe un nosotros”. Ella, socialista, asiente a cada rato con la cabeza, quizás ante la tranquilidad confuciana de la exposición.
En los programas nocturnos de radio en Paraguay todavía se escucha a algún trasnochado que habla bien de Mao.
Levantamos la vista del libro de Gao Xingjiang que leemos en una vieja casa de Areguá y vemos a la familia vecina que se dedica a la alfarería. Qué bien está eso. Un conocimiento transmitido que permitirá a los jóvenes tener algo con qué enfrentar al mundo.
Mao estaba en contra de los expertos. Nadie debía ser experto. Así fue contra las familias que sabían tejer seda. ¡Ir contra el avance de la humanidad; contra el camino de la civilización!
Saber hacer algo es la manera de escapar de la pobreza. También hay que atender que se quiera eso que sabemos. Pero si no sabemos nada, no nos quejemos de nuestra situación.
Lugo. No entender cómo se crea riqueza con seguridad nos dejará en la pobreza. Las ideas del candidato a la presidencia Fernando Lugo se revelan en este sentido peligrosas. El mismo ha tenido expresiones que hablan de una enfermedad del espíritu; de un envenenamiento del alma cuando no respeta la vida, cuando ni siquiera es caballero ante una joven fallecida. Revela un orgullo personal cuando busca el protagonismo. Hasta habla así de su familia. Y su tío Epifanio significó para el Paraguay el desperdicio de riqueza cuando entregaba dólares baratos para importaciones, dando origen a grandes fortunas con la conexión complementaria en la Aduana.
Los liberales por su inutilidad hace tiempo manifiesta, unida a la falta de preparación para hacerse un lugar después de la dictadura, deben descubrir cosas que no esperaban en su oportunismo. Que Fadul, desde un partido de élite, haya llamado a Lugo como “Papá grande” es una pena. ¿Seremos todavía tan pueriles? Fue una lástima descubrir que no había esa “reserva moral” en Paraguay y que la mediocridad ya acostumbrada haya nivelado las cosas por todos lados.
La bondad de los pobres. Así también, Lugo no entiende de historia, demografía y geografía del Paraguay. Ya Lutero hablaba de Müntzer, otro clérigo que “andaba alborotando campesinos por ahí”. Lo mismo hizo Lugo. La pasión de cerrar rutas con gente en montón. Como “buenos”.
En un cuento de Rafael Barrett una madre sube a un barco con su hijo en los tiempos de los yerbales. Se pone a conversar con una amiga. El barco es peligroso, no tiene mucha protección en la borda. De repente, la madre se pone a buscar al niño. No lo encuentra. ¿Pobrecita la madre o es ella responsable de que haya caído el niño al agua?
Para descubrir la verdad y proponer una solución hay que escapar del sentimentalismo. No hay que engañarse con las banderas de la bondad.
Pasiones encendidas. Las pasiones son encendidas por ideas que solo están en la “cabeza” de los románticos. Estas ideas se alejan de la realidad. Y son recibidas. No hay una elaboración individual. Gustan a una sociedad tradicional en la que el individuo todavía está bajo el peso del montón.
Hoy en el mundo no se espera una “política de ideas” sino una “política de hechos”. Levantar los puños, hablar de muerte, no va con el racionalismo que permitirá que surja cada individuo triunfante. Allí acabará esa sociedad tradicional del montón y de los que no saben hacer nada.
Si el romanticismo se aleja de la realidad, el pensamiento anclado en la misma, cuando se vuelve abstracto se recoge en las matemáticas. Ellas interpretan con rigor la realidad. Con un rigor al que nosotros, hay que decirlo, no estamos acostumbrados.
Para producir riqueza se necesita del rigor; de saber hacer algo. De ser expertos. La elección política debe ir en el mismo sentido. Atendamos la ley de Murphy: “Todo lo que puede salir mal, sale mal”.