Tiempos difíciles, tiempos de confusión
La confusión es un estado de ánimo que solemos experimentar cuando nos encontramos en una situación nueva, complicada y, en realidad o aparentemente, sin salida.

La confusión puede ser personal de un individuo y se sufre mucho. Pero mucho más terrible es la confusión colectiva. Entonces “no hay solución” (repetimos en realidad o aparentemente, hace daño).

Una buena parte se deprime; hay para quienes esta situación sirve de espuela para lanzarse hacia delante buscando la salida; la mayoría queda en un estado de orfandad y entra en el conformismo.

La situación que actualmente vive el Paraguay es nido de confusión.

Estamos hartos del gobierno de un partido en 50 años. Los últimos cinco fueron de los peores. Stronismo larvado y un neoliberalismo que se olvidó de la población mayoritaria pobre. Y ahora la posibilidad de que el mismo partido siga dominándonos más en intensidad durante otros cinco años y en una prolongación de otros treinta años endeudados y con contratos a largo plazo.

Buscamos cambiar todo esto, pero los buscadores estamos divididos y sin fuerzas.

Solamente tiene salida el partido que da trabajo a cambio de lealtad a su corrompida cúpula. Con plata ya acumulada para comprar los votos que hagan falta. Con candidatos que en lugar de estar en Tacumbú van a ocupar un sillón en el Senado.

Tiempos difíciles, tiempos confusos.

Doy gracias a Dios de que, como en otros muchos, estos tiempos ni me deprimen ni me hacen conformista. Me espolean para darle más entrega a la lucha por el cambio.

Ciertamente nos confunden, pero poseemos la clave del “todavía”.

San Pablo la insinúa en una de sus cartas. Nos persiguen, pero “todavía” no nos han destrozado. Seguimos caminando bajo la hartura de un sistema que nos oprime, pero “todavía” tenemos vida. No sabemos la fecha , pero “todavía” soñamos que venceremos.