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Textos inéditos del Dr. William Stewart

Buenos Aires, 10 de diciembre de 1859<br> <br>Querido hermano Robert:<br> <br>En mi última carta te di un detalle completo pormenorizado de la paz conseguida en el tiempo más breve que uno pueda imaginar, gracias al tesonero esfuerzo e infatigable energía en la mediación del General López.<br>La pérdida de vidas y de bienes que se ha evitado es incalculable. El comercio se mantiene vivo, y los servicios que presta el General López son cada vez más apreciados, especialmente por parte de los comerciantes británicos quienes, juntamente con otros empresarios extranjeros, le obsequiamos un hermoso álbum.<br> <br>********************<br> <br>Después de entusiastas demostraciones por parte de ciudadanos de todas las esferas sociales, y cuya aclamación nos acompañara a bordo del barco paraguayo "Tacuarí", podrías imaginar nuestra consternación al ver, en el momento de zarpar, al "Brizzard" y al barco de guerra "Grappler" dirigirse velozmente hacia el "Tacuarí".<br>El capitán Meza, comandante del "Tacuarí", dirigió una nota al capitán del "Brizzard", pidiendo una explicación por la actitud asumida hacia el barco paraguayo, que pertenece a una nación en paz con Inglaterra.<br> <br>William<br> <br>********************<br> <br>Humaitá, 20 de enero de 1861<br> <br>Querido Robert<br> <br>Galashields, Escocia<br> <br>Le entregué tu carta al General y me pidió que la tradujera al español.<br>Aguardamos la llegada de nuestro Ingeniero Jefe, señor Whytehead, a quien se le ha recomendado consultar con varias empresas acerca del costo, términos de entrega, etc., de todo lo relacionado con la construcción de embarcaciones, rieles y afines.<br>He dado aviso de que me marcharía el 20 de enero, es decir, hoy, en vista de que no han aceptado mis condiciones, pero como me encuentro en el campo acompañando al General, espero salir el próximo lunes. <br>... pero como dicen que están muy satisfechos con mi trabajo, tal vez me ofrezcan mejores condiciones de trabajo.<br>Hoy se ha reunido una multitud de personas que ha venido para la consagración de un templo de proporciones impresionantes. Terminada la ceremonia, se irán retirando, felizmente, porque hace mucho calor, y debemos regresar a Asunción.<br> <br>Affmo., hermano<br> <br>William<br> <br>* Archivo de Yolanda Stewart Selliti<br> <br>Habían transcurrido 16 años de la muerte de Francia cuando llegué al Paraguay y los efectos desastrosos de su gobierno seguían frescos en la memoria del pueblo; pero el hecho de que López I les prohibiera expresar su opinión acerca de su predecesor, demostraba claramente su intención de llevar a cabo una idéntica línea de acción política.<br>... Don Juan B. Rivarola, diputado entonces, tuvo la feliz idea de manifestar la necesidad y conveniencia de que al país se le diera una Constitución política. Al oír López semejante pretensión, con tono magistral e imperativo, como presidente del Congreso: "No es tiempo". Con lo que acabó todo y la Representación dejó sin efecto la idea presentada.<br> Aprovechando una oportunidad de buen humor y confiado en el trato cotidiano que existía entre el anciano autócrata y su joven médico con quien gustaba charlar, le manifesté que me gustaría en verlo coronar la gran obra de su vida otorgando una Constitución al país, Me contestó: "Este pueblo no está preparado para una Constitución. Considere la anarquía que reina en la República Argentina con su flamante Constitución. Aquello es la negación de todo gobierno". Eso sucedía en 1860.<br> <br>********************<br> <br>En agosto de 1862, un mes antes de su muerte, Don Carlos encomendó a su hijo el General López, al Juez Lezcano y al Coronel Toledo, que se hicieran cargo de los asuntos del Estado hasta que el Congreso eligiera un nuevo presidente. En su larga actuación frente al Gobierno, López desplegó gran parte de su energía al progreso material de su patria... A pesar de que no podemos aprobar muchos actos de su administración, debemos reconocer que a su muerte el Gobierno estaba afianzado con caracteres de solidez y continuidad. Las finanzas y el crédito nacional estaban en excelente estado...<br>10 de setiembre de 1862: Recibo una llamada urgente para atender al paciente... Yo no puedo hacer nada más. El Dr. Skinner también se halla presente. Don Vicente Estigarribia entró en la habitación y dio su opinión.... De este modo, nuestro valioso presidente expira en paz a las 3:15 de la mañana de hoy, 10 de setiembre de 1862, en presencia de sus familiares, con quienes, con profundo pesar, compartimos sinceramente su dolor.<br> <br>William Stewart, M.D. <br> <br>* De su cuaderno de apuntes - Archivo de Yolanda Stewart Selliti<br> <br>A López lo conocí realmente en la guerra...<br>... El 9 de enero fui con el Dr. Skinner a pedirle que se consiguiera mejor carne para el hospital, López nos contestó encolerizado que si no teníamos nada mejor que recomendar para evitar la mortandad de pacientes en el hospital, nuestro servicio de nada le servía... que yo no tomaba el pulso ni examinaba la boca del paciente. Y siguieron los casos de disentería y muertes por carencia de alimentos. Era inútil tratar de convencerlo de que lo que el enfermo necesitaba para combatir la epidemia de disentería eran medicamentos, higiene y buena alimentación.<br> <br>******<br> <br>Tuve la suerte que por motivo de las ocupaciones profesionales en diversos y apartados puntos de la Sanidad Militar, de poder ausentarme del Cuartel Militar durante todo el día, sin incurrir en el desagrado de mi temible jefe mientras ocurrían los trágicos sucesos en San Fernando, y como no siempre podía asistir a la mesa, me decía que pidiera a su mayordomo Riquelme todo lo que necesitaba.<br> <br>******<br> <br>López era de estatura más baja que la mediana y muy corpulento, de cutis moreno, la frente despejada, el mentón robusto, ojos más bien pequeños con la expresión del hombre impasible y habituado a disimular lo que pasa por la mente.<br>En ocasiones López resultaba para los extraños un tipo interesante, razonable, con quien mantener un debate y a quien gustaba escuchar los comentarios de lo que sucedía en su entorno. A pesar de su modo de ser orgulloso y arbitrario, podía tornarse en una persona muy agradable cuando convenía a sus propósitos, y en esas ocasiones aparentaba profesar sentimientos liberales de equidad republicana.<br> <br>* De su cuaderno de apuntes - Archivo de Yolanda Stewart Selliti<br>El ciudadano inglés vivió casi cinco décadas en Paraguay y fue testigo de importantes momentos de la historia paraguaya.<br>Documentos<br>William Stewart<br> <br>PERFIL BIOGRÁFICO<br>William Stewart nació en Pitairn, Grandtully, Escocia, el 6 de agosto de 1830. En 1842 ingresó a la Academia de Perth y en 1847 en la de Humanidades de la Universidad de Edimburgo. Obtuvo el diploma de Doctor en Medicina en 1853 y el de Cirujano Obstetra en el Marischal College de Aberdeen, Escocia. Fue jefe de la División "D" de la Sanidad Militar frente a Scutari, en la Guerra de Crimea. Vino comisionado al Río de la Plata por el War Office en 1856. Estando en Corrientes recibe una invitación y aquí acepta la misión de organizar un cuerpo de Sanidad Militar (1857). En 1867 se convierte en cirujano mayor del Ejército. Desde 1861 tiene a su cargo la inspección de diferentes campamentos y hospitales en Humaitá, Cerro León, Concepción y Asunción. En 1868 cae prisionero durante la Guerra contra la Triple Alianza en el combate de Itá Ybaté. En 1882 es nombrado Cónsul Honorario de Gran Bretaña. En 1901 es profesor de Clínica Médica en la Facultad de Medicina. La muerte lo sorprende en Asunción, el 27 de junio de 1916.<br>

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