País

Sorteando la extrema pobreza con 4 hijos o más, y solo G. 10.000 por día

Alrededor de 2.100.000 paraguayos viven por debajo de la línea de la pobreza (32%), mientras que 1.200.000 no tienen acceso a canasta básica de alimentos (18%) y viven en la más completa miseria.

Donde la pobreza y la desigualdad golpean, las familias intentan subsistir con suerte con G. 300.000 por semana, los menos afortunados  con la misma cantidad por mes. Mientras que parlamentarios  obtienen salarios casi cien veces mayores.

En una caja de fósforos, en el Bañado Sur de Asunción, Toribia Torales reside con sus cuatro hijos. Alrededor de su casa de madera de dos por dos metros sobran camalotales y basura. La mujer es el único sostén de su familia y la basura es su materia prima. Como recolectora junta G. 300.000 cada mes, es decir, a penas G. 10.000 por día, nunca más.

Gracias a una conexión comunitaria recibe agua potable, "estira" a través de un cable la energía eléctrica, que cuando sopla un viento, desaparece como su pareja que la dejó sola con cuatro hijos.

"Hay momentos en los que no tengo para comer", se lamenta próxima a un brasero en el que el caldo de porotos bulle. Como Toribia 2.100.000 paraguayos viven por debajo de la línea de la pobreza, otros 1.200.000 no tienen acceso siquiera a una canasta básica de alimentos y son pobres extremos. Nada más distante al salario de un diputado como, por ejemplo, Óscar Tuma que gana un salario neto de G. 29.759.872, es decir, unos G. 992.000 diarios.

De necesidades da cátedra Eugenia Romero, de 67 años, la abuela recicladora en retiro que alquila su chaleco o espacio en el vertedero Cateura para ganar G. 100.000 por semana. Con los achaques de la edad encima, dice soñar con acceder a un seguro médico o por lo menos conseguir que se le otorgue una pensión por ser adulta mayor.

"No me sale eso, y me pongo triste porque todo es caro, no nos queda más que deber en el almacén cuando no tenemos qué comer. No somos como los políticos que tienen todo y solo se acuerdan de nosotros cada cinco años", pronuncia afligida.

La pobreza enferma. Una virgen de Caacupé incrustada en los alambres da la bienvenida al hogar de Gustavo, un joven de 15 años con epilepsia, que había llegado con sus padres y hermanos del interior al Bañado Sur para seguir un tratamiento médico. A pesar de su diagnóstico y su edad, Gustavo trabaja como ayudante de albañil y sigue su tratamiento a medias, porque toma una sola pastilla de las tres diarias recomendadas por su médico.

"Jaguerrea" (luchamos), dice su madre, Raimunda Acosta, al subrayar que su hijo "no toma más su remedio porque es muy caro. G. 50.000, ndorepuakamoái umíare (no vamos a poder con ese costo)". La mujer que engorda chanchos y apoya a su marido que toda la jornada vende verduras para criar a sus siete hijos junta semanalmente G. 300.000 cuando tiene suerte, generalmente son solo G. 200.000. Es decir, sobreviven entre siete con G. 20.000 diarios.

Ocho bolsas gigantes reposan en 42 Proyectada frente al hogar de madera de Magdalena Coronel, quien al hablar muestra vacíos en lo que fue una gran sonrisa. Es dura la pobreza dice en guaraní "ijetu'u, pero mba'e jajapóta. Ñamba'apoarã". Con su marido se dedica al reciclaje, como gran parte de los bañadenses que trabajan solo para sobrevivir, ya que están lejos de sentir el repunte de la economía de cerca de 10,5%.

Estos pequeños flashes grafican cómo viven muchos paraguayos, sorteando la extrema pobreza con numerosas familias y pocos salarios que a veces se convierten en nada cuando llueve o la cabeza se enferma y no puede trabajar.

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