Edición Impresa

Solo con políticas integrales será posible vencer al contrabando

El contrabando continúa generando conflictos. Esta semana fue noticia Ciudad del Este con los paseros. El flagelo tan perjudicial para el país debe ser atacado desde sus causas. En algunos casos esto es posible ya que son internas; sin embargo, en otras se vinculan a fenómenos externos como las crisis por las que están pasando Brasil y Argentina. Una parte importante de la problemática de los paseros radica en la ausencia de empleos, condición que puede ser subsanada con buenas políticas públicas. El contrabando debe ser enfrentado de manera integral, controlando las fronteras y generando el contexto necesario para el trabajo decente.

El contrabando tiene múltiples aristas. Durante la semana fue noticia el conflicto con los paseros de Ciudad del Este que, además de ser el reflejo de un modelo productivo que no genera empleos decentes, hizo que los afectados pusieran en la mesa el tema de la desigualdad existente en los controles, ya que según ellos son permisivos con los grandes contrabandistas mientras extreman esfuerzos en abatir a los pequeños.

La entrada ilegal de productos del exterior ejerce mayor presión en etapas en que por el tipo de cambio los productos extranjeros son más baratos que los internos. En una economía abierta como la paraguaya, esta situación es muy difícil de enfrentar; no obstante, es posible hacerlo a través de una producción altamente competitiva no solo en precios sino también en calidad.

Un segundo factor asociado es la falta de empleos de calidad que hace que una proporción de paraguayos se dediquen a actividades por cuenta propia, entre las que se encuentra el comercio.

Dado que los países vecinos producen bienes demandados en Paraguay y de buena calidad, el mercado laboral es deficitario y el tipo de cambio adverso, el escenario que se crea es el ideal para favorecer el contrabando. Por lo tanto, son necesarias políticas integrales que busquen afectar las causas endógenas y mitigar en alguna medida las exógenas.

Como medida coyuntural y de corto plazo, el control de las fronteras y de la aduana es inobjetable. Pero ello necesita funcionarios de incuestionable valor ético y de un sistema judicial que funcione. Mientras el costo del incumplimiento de la ley sea bajo, el desapego a la norma continuará tanto de parte de los funcionarios como de los contrabandistas.

La política estructural y de largo plazo es, sin dudas, la generación de empleos en cantidad y calidad que reemplacen la tarea de pasero, muchas veces la única ocupación posible o la más rentable. Esta medida es, además, consistente con la necesidad de producir bienes que compitan en precios y calidad con los importados.

Para ello se requiere el impulso a la agricultura familiar y a las pequeñas y medianas empresas con capacitación, acceso a mercados e inclusión financiera. Idealmente sería mejor la inserción en cadenas productivas. Estos objetivos no son menores teniendo en cuenta que Paraguay no tiene una política integral así diseñada. En algunos casos hay intervenciones fragmentadas e incompletas, sin suficiente información y con resultados limitados por la persistencia de la competencia desleal y la baja calidad de los servicios públicos.

Como se puede ver, el combate al contrabando implica la participación de numerosas instituciones, algunas con objetivos impulsores, otras de desaliento y otras punitivas. No es una tarea fácil en un país pequeño y abierto en el medio de dos países grandes y sumamente inestables.

En contrapartida, no es un problema escondido, del cual se desconocen sus causas o sus protagonistas. El contrabando es visible, se sabe por qué, cómo, dónde y quiénes lo realizan. Paraguay tiene instituciones y recursos para combatirlo. Solo se requieren voluntad, coordinación interinstitucional e integridad.

Dejá tu comentario