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Sobresaliente postulante de Itaipú es un orgullo para los damnificados

La inundación no fue un inconveniente para que Christian Pereira consiguiera pasar el examen. Desde el campamento del Bañado dice que su próximo desafío es aprobar el cursillo para estudiar Arquitectura.

Por Luján Román

Respira lucha. Solo agacha la cabeza para entrar a su pieza transitoria de un metro por dos de la casa número 3 del Refugio Copaco I de Zeballos Cué. Es Christian Pereira Valenzuela (18), uno de los sobresalientes en las pruebas de Matemática y Castellano que siguen en carrera por las becas de Itaipú, con altura.

Mide 1,89 metros. Es "el gigante de la villa". El orgullo de su madre y de las 217 familias damnificadas que comparten con él un drama común: la inundación. Pero no todo es drama. Hoy, Christian sonríe, aunque no quiere mostrar su dentadura. Está contento por la oportunidad que ganó, se prepara para su próximo desafío: pasar el ingreso a Arquitectura UNA. Por algo en su pecho se lee: ¡Bazinga!, el grito de victoria del personaje Sheldon Cooper de la serie The Big Bang Theory.

Como su casa de San Carlos está cubierta de agua hasta el techo, se instaló con su madre, padrastro y hermana en la choza de madera terciada, zinc y eternit en noviembre, un poco después de haberse graduado en el Colegio Técnico Cerro Corá de Trinidad como mejor alumno. "Pero eso no era nada para él", señala su mamá bajo la sombra de un árbol, poco después de atender a los funcionarios de Itaipú que realizan la evaluación socioeconómica.

El damnificado que obtuvo 29 puntos en la prueba de Itaipú y pasó entre los primeros 197 postulantes se preparó en el cursillo preuniversitario ofertado gratuitamente por la Asociación Nacional Republicana. De lunes a viernes, participó en las clases, desde bien temprano hasta justo antes de caer la noche. "A veces ni comía, con el desayuno nomás volvía a casa". Confiesa que lo más difícil fue Castellano porque las preguntas eran muy ambiguas. Le fue mejor con los números. 17 puntos logró en Matemática y 12 en Castellano.

Aunque pueda perder la beca si fracasa en el ingreso de la UNA, dice que no cambiará de opción porque "es la mejor. No confío en las otras". Por ahora, no escatima esfuerzos para ayudar a su mamá, quien desde hace seis días además de los 50ºC que se siente en la choza, padece fiebre alta por dengue.

Christian sabe de dificultades desde niño. Su mamá, Teodora Valenzuela viuda de Ortiz, lo engendró después de perder a su primer marido. Es fruto de una relación con Camilo Pereira. Pero no le tiene mucho aprecio a su papá.

"Mi mamá se enamoró, pero eso le salió mal. Mi papá ni me hace caso. Papá no es solamente el que da plata, sino el que cría. Aunque tampoco él da plata. Ni siquiera me habla", dice. Otro es su rostro cuando se refiere a sus hermanos de sangre y los adoptivos, como la pequeña Jenny, quien fue abandonada a su suerte por enanismo y fue acogida por Teodora y su concubino, el único brazo laboral de la familia.

Desafío. El próximo desafío del joven es pasar el cursillo que se inicia en febrero. El problema es que tiene que juntar G. 1.500.000 porque eso no incluye la beca. "Para retirar su título hice polladas, acá la situación es complicada, calesiteamos. Vamos a ver qué hacemos para esto porque al menos yo tengo fe que él va a ser un gran profesional", dice Teodora. Por ahora la esperanza del joven es que alguien lo ayude. Deja su número (0991) 816-055. Atenderá si no se descarga el celular. Ahí donde la luz viene y va, así como el agua, Christian disfruta de su único pasatiempo: leer. Lo suyo es el misterio. Su autor favorito es Edgar Allan Poe, también le gusta Agatha Christie; y desprecia la literatura de Paulo Coelho. Lo que más le dolió de la inundación fue que perdió una enciclopedia. "Seguramente estará flotando todavía por el río Paraguay".

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