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Sin reglas claras, hay alto riesgo de oviedización

En medio del estupor del entorno palaciego que no ve en el presidente de la República acciones más decididas para retomar el control del poder tras la crisis que casi arrastró su Gobierno, el escenario político ha pasado de inestable a impredecible.

El Partido Colorado ha sido siempre Gobierno y oposición al mismo tiempo y el escenario de hoy pinta el mismo cuadro. La unidad granítica no es sino una voluntad temporal del líder de turno y su plazo generalmente termina en las siguientes elecciones.

Pero lo más preocupante es la ausencia de una agenda clara de esta alianza nacida en una crisis generada por la misma ANR y las contradicciones que parecen destinadas a desequilibrar.El cartismo, erigido en verdugo y salvador de Marito, lanza mensajes confusos con respecto al precio de la gobernabilidad.

Plantean cambio de ministros y luego dicen que el presidente tiene libertad para decidir, “que solo es un consejo”. Luego reclaman la banca para Cartes y luego él mismo afirma que ya no le interesa. Y los ejemplos abundan: Por un lado, el senador cartista Antonio Barrios sostuvo que Cartes debe jurar en lugar de Rodolfo Friedmann. “Si la bancada de Añetete considera que el pedido de los senadores no tiene peso, no tenemos nada que conversar con ellos.

Nuestros pedidos deben ser escuchados”, señaló en tono de advertencia, pero su líder aclaró que ya no está interesado. “Muero de ganas, pero tomé la decisión de no, asumí otras responsabilidades”, acotó Cartes días pasados.

Esta idea fue reforzada por Juan Carlos Galaverna, quien nuevamente disfruta de la amistad del ex presidente. “Francamente creo que a HC – Horacio Cartes– ya no le interesa jurar como senador” y acotó que la campaña de Honor Colorado “no tiene empeño real”. En cuanto a los cambios de ministros, el ex presidente, en un sorprendente giro reclamó coloradizar el Gabinete.

“Hay buenísimos colorados que están postergados, para mí no tiene que haber personas que no son del partido, que además siempre estuvieron en contra del partido, ofendiendo, denigrando, y hoy ocupan cargos de confianza, pero eso es potestad del presidente, aunque sinceramente esperamos señales… estamos aguardando”. Olvidó que él tuvo en su Gabinete a ministros liberales como De Vargas o el mismo Santi Peña antes de su bautizo republicano.

Como si fuera poco, en Añetete también hay mensajes contradictorios. Unos dicen que habrá cambio de ministros, y otros que no, en un espectáculo digno que solo contribuye a horadar la imagen presidencial.

OVIEDO. El general Lino Oviedo, quien falleció en febrero de 2013 en un accidente de aviación, fue una de las personas más influyentes e inestables de la transición. Con sus veleidades puso en jaque a varios presidentes.

Nunca se quedó en el lugar que le asignó la historia, sino ser el poder tras el poder. Su figura fue sinónimo de inestabilidad política durante la era Wasmosy (1993-1998) y González Macchi (1999-2003) especialmente.

Cuando negociaba nunca planteaba sus demandas públicamente quizá porque su agenda indefinida le daba beneficiosos dividendos. En un escenario de debilidad presidencial frente a una fuerte imagen de su adversario que no aclara cuáles son sus intenciones ni sus demandas, con una preocupante bipolaridad política, megalomanía y una tropa fanatizada, el riesgo de la oviedización de la política es muy alto.Con una alianza endeble y una lucha interna muy fuerte, Marito fue empujado a montar un tigre del que apearse no será fácil, como dice el refrán chino.

Si bien ha encontrado una salida para mantenerse en el poder, sigue montado al tigre, con los peligros que ello implica. Bajarse es sufrir heridas, los manotazos del animal. También puede enfrentar la decisión más drástica: Para bajarse, debe matar o morir.Haga lo que haga, no saldrá indemne. Eso es seguro.

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