Turismo

Siglos de historia del país contados por mobiliarios

Los años pasaron, ellos quedaron para la historia tangible. Mobiliarios populares y coloniales que marcaron siglos pasados en el país, hoy forman parte de una colección resguardada en el Museo del Mueble Paraguayo, en Areguá, en la compañía Kokue Guazú.

Colecciones de uso doméstico y religioso, como también artístico, plasman en la madera la habilidad de los indígenas como de los inmigrantes jesuitas, franciscanos y españoles.

Parte de retablos de iglesias, nichos, baúles, sillones jesuíticos, camas y silletas populares además del arte indígena, de entre los siglos XVII y XX, son parte de la variedad de elementos que se encuentran en el espacio, al que un túnel de verdes tacuaras y pequeñas aves dan la bienvenida.

El museo, que posee varias rampas para observar desde distintos niveles el lugar, fue inaugurado en mayo del 2010. Su fundador es el extinto artista plástico y arquitecto Carlos Colombino. La colección del mobiliario es de la fundación que lleva su nombre, institución que ampara el Centro de Artes Visuales/Museo del Barro.


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Para visitar el sitio, de acceso gratuito, previamente los interesados deben llamar al (0983) 307-588 para coordinar con los encargados el día y el horario. Actualmente el museo no cuenta con apoyo estatal, por lo que los hijos de Colombino se encargan de mantener la infraestructura.

Objetos. Los muebles populares reflejan la pintoresca costumbre campesina, a través de las pequeñas silletas utilizadas para disfrutar de la fogata en la cocina, la hamaca, elaborada por indígenas, hecha de vegetales y las camas de madera con entramado de tiras de cuero para el descanso reparador.

Entre los más sofisticados, de la época colonial, se pueden apreciar los tocadores con espejos, los sillones torneados, baúles, tinajas y armarios con delicados entallados.

En lo religioso se destacan nichos, partes de altares policromados y hasta un armario jesuítico en el que –según los cuidadores– era resguardado el atuendo de los sacerdotes.

Mantenimiento. Castorina Benítez y Fulgencio Rodríguez son los custodios de los tesoros del lugar. Trabajan para la familia Colombino desde hace 25 y 18 años, respectivamente. Recuerdan al artista con nostalgia y tratan de mantener el lugar en condiciones, tal como lo habría deseado el gestor cultural.

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“Antes de fallecer, el señor pidió para que nosotros nos quedemos como encargados del lugar. Amaba todos estos objetos y decía que, como era ya adulto mayor, coleccionar estos muebles era su mayor entretenimiento”, comenta Castorina.

Fulgencio agrega que admiraba mucho a su jefe, sobre todo por su actitud pasiva. Recuerda que acompañó a Colombino por varias localidades del interior del país para comprar algunas de las reliquias exhibidas en el sitio. “Algunas son de Tobatí y otras de Concepción”, señala.

Historia. “Los primeros artesanos carpinteros habían llegado de España ya en 1536, pero la ebanistería, impulsada por la abundancia y variedad de maderas locales, comenzó a adquirir consistencia propia y alcances profesionales a partir de los talleres jesuíticos y franciscanos y, posteriormente, desde los requerimientos de la población civil”, describe el investigador y crítico de arte, Ticio Escobar, en un texto donde narra la historia de dicho museo.

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Agrega, además, que en principio los talleres misioneros estaban destinados a equipar los templos; “pero tanto los procesos de mestizaje de los pueblos franciscanos y la dispersión de los artesanos ebanistas luego de ser expulsados los jesuitas, influyeron en la difusión del mueble de filiación europea en las regiones más pobladas de la Provincia. No solo a nivel popular, sino también en el ámbito de los usos del criollo acomodado, el mueble local revela una reinterpretación radical de los modelos europeos, tanto en lo referente a la estructura de las piezas como a sus pautas ornamentales”.


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