Sucesos

Sicarios: Criminales inactivos al servicio del mejor postor

La Policía asegura que los asesinos a sueldo que operan en la capital y en Central son delincuentes que perdieron a sus bandas y actúan por necesidad. Los precios son bajos y los nexos están en la cárcel.

Por Fernando Boccia

fernando-boccia@uhora.com.py

Al notar que la camioneta dio un inesperado giro en la calle Capitán Cañiza, el arpista Sixto Corvalán (25) preguntó a la conductora por qué tomaba ese camino. Ella respondió que era para acortar distancias. En ese momento, una motocicleta se acercó al vehículo y uno de los dos ocupantes disparó. La bala traspasó el vidrió del acompañante e impactó en el músico. Sin embargo, Corvalán sobrevivió al atentado.

Tras semanas de investigación, la Policía anunció que cerró el caso: Yemina María Jacquet Ferreira, la mujer que manejaba la camioneta, había contratado a William Manzur Ávila y a Diego Javier Pesoa para que asesinen a Corvalán. El motivo fue pasional y la mujer pagó en total G. 2.400.000 por el "trabajo", concluyó la pesquisa policial.

Los datos de la Policía indican que solo en el departamento Central y en la capital, los homicidios ocurridos en los dos últimos años en los que se utilizaron asesinos a sueldo ya son más de cinco.

Los investigadores señalan que en esta parte del país, los sicarios son ex convictos que están inactivos o perdieron a su gavilla, por lo que aceptan realizar los encargos para tener ingresos económicos

LOS NEXOS. En ese sentido, tanto fuentes policiales como de la Fiscalía coincidieron en que el nexo entre los sicarios y las personas interesadas en adquirir sus servicios se dan en las distintas cárceles del país, especialmente en Tacumbú.

"Tacumbú es el lugar donde se hacen los contactos necesarios", expresa el fiscal Miguel Vera, quien estuvo a cargo de investigar el asesinato de Jorge Arce, baleado en su vehículo en el barrio San Vicente en el 2007.

En realidad, las informaciones recabadas en este tipo de causas señalan que los asesinos fueron contactados por internos de la prisión, que a su vez habían sido visitados por los autores morales de los homicidios.

Sobre el punto, los agentes de Investigación de Delitos señalaron que en esta parte del país, los sicarios no son "profesionales", como lo son en la frontera seca con Brasil.

"En realidad, los asesinos de acá son delincuentes extraviados. Criminales que ya perdieron su banda y necesitan realizar este tipo de trabajo por necesidad más que por otra cosa", explica un policía de la división de Homicidios, al tiempo de aclarar que la gran mayoría de los casos ocurridos en su jurisdicción fueron esclarecidos.

TRABAJO EN GRUPO. Además que los montos pagados son pequeños, el dinero generalmente se divide entre tres o cuatro personas, de acuerdo con los policías.

Asimismo los antecedentes demuestran que los asesinos prefieren actuar con motocicletas, en la vía pública y generalmente cuando las víctimas se movilizan en sus vehículos.

Así murió Arce y así también atacaron a Sixto Corvalán.

En un caso similar, Waldino Peralta Grisetti falleció en abril del año pasado cuando tomaba una cerveza en una estación de servicios de Lambaré.

Dos sujetos llegaron al lugar a bordo de una motocicleta y lo rociaron a balazos con una pistola 9 milímetros. Los homicidas huyeron sin haber bajado en ningún momento de la moto. El caso sigue irresuelto.

Las cifras

10.000.000

fue la suma en guaraníes pagada por Óscar Cárdenas para que Jorge Arce sea asesinado en mayo del 2007, según la Policía. El día del crimen pagó unos 5 millones y dos semanas después desembolsó la otra mitad.

2.400.000

guaraníes fue lo cobrado presuntamente por los sujetos que trataron de asesinar a Sixto Corvalán. Según la Policía, los dos millones eran para pagar a los sicarios y los otros 400 mil guaraníes eran para arreglar la moto que utilizaron los asesinos.

LA MUERTE DEL GERENTE

En la siesta del 28 de mayo del 2007, Jorge Antonio Arce Soler, un gerente comercial de la empresa de combustibles Barcos & Rodados, se dirigía en su vehículo a su casa. En la esquina de Centenario y Obispo Maíz, en el barrio San Vicente de la capital, un automóvil Chevrolet Corsa le cerró el pasó. Un sujeto bajó del rodado con un arma en mano y le mató de seis disparos.

Dos años después, un Tribunal de Apelaciones ratificó la sentencia de primera instancia que condenaba Óscar Cárdenas, Humberto Antonio Aveiro y Heriberto Ortiz Ortiz a 30 años de prisión por el crimen.

La investigación que realizó el fiscal Miguel Vera pudo comprobar que hubo un faltante de 1.262 millones de guaraníes en la empresa donde trabajaban Arce y Cárdenas. El gerente había detectado que Cárdenas era el responsable del millonario robo a través de una investigación interna por lo que se ideó el plan para eliminarlo.

Como Cárdenas ya había estado preso, logró contactar con Aveiro y con Ortiz Ortiz. Estos dos fueron quienes esperaron que Arce salga de su trabajo en el microcentro asunceno y lo siguieron hasta San Vicente para matarlo.

El día del crimen, Cárdenas pagó a los dos sujetos unos 5 millones de guaraníes y 15 días después del hecho, desembolsó otros 5 millones.

Los agentes que investigaron el caso indicaron que ni Aveiro ni Ortiz Ortiz eran sicarios "profesionales" y que no existen registros de que anteriormente hayan realizado otro homicidio por encargo.

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