País

Semana Santa de inundados

Ribereños aseveran que la riada no afecta la fe y se unen para reflexionar en estos días santos y disfrutar de la tradicional chipa.

Lejos de desalentar la fe y la tradición que caracterizan a estos días santos, la inundación no ha hecho otra cosa que dar mayor fortaleza a numerosas familias que siguen en sus casas de dos pisos ante un paisaje de calles bajo agua.

Un incesante movimiento de canoas se tiene en varios puntos ribereños, medio usado por esta gente para visitar a sus parientes con motivo de esta fecha religiosa de muchas jornadas feriadas que invitan a la reflexión.

Una de ellas es la familia de Héctor Cohene y Ángela González, que ayer, en la segunda planta de su vivienda ubicada entre los barrios Santa Ana y Santa Rosa, en el Bañado Norte, disfrutaban de ricas chipas y sopa. Previamente recibieron la visita de ña Marga, madre de Héctor, quien llegó en un bote. “Este año optamos por no salir, porque hay mucha inseguridad. Te roban si salís”, lamentó el jefe del hogar.

Por su parte, Antonio Riveros, quien también se mantiene en la planta alta de su residencia en Antequera y 38 proyectadas, junto a su esposa e hijo, indicó que “pese a todo estamos bien. En los refugios se sufre más. Esta crecida no mata nuestra fe y nuestra esperanza de días mejores”.

MENSAJE. Tras la celebración de la misa del Lavatorio de pies en la Catedral, el arzobispo de Asunción, monseñor Edmundo Valenzuela, decidió visitar a los damnificados que ocupan la emblemática plaza Juan de Salazar.

El prelado instó a las autoridades a construir refugios más dignos para las personas que huyen del desborde de las aguas del río Paraguay, atendiendo a las malas condiciones en las cuales pasan sus días en los espacios públicos, en precarias casas de maderas terciadas, chapas y puntales y con escasos alimentos.

Nos movilizamos en canoas para visitar a nuestros parientes. La crecida no afecta nuestra fe. Ángela González, vecina.

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