Editorial

Se precisan soluciones de fondo para casos de maltratos a niños

El dramático episodio de las dos pequeñas niñas huérfanas, rescatadas en la ciudad de Limpio, tras denuncias y comprobaciones de que eran golpeadas por su tía y tutora legal, constituye apenas la muestra de una problemática mucho más extendida y profunda del maltrato a niños y niñas, que requiere de soluciones de fondo y no meros discursos o sensacionalismo. En este caso concreto, como en muchos otros, ya existían antecedentes de violencia y correspondía que el Juzgado del Menor realice un seguimiento de la custodia, lo cual no se efectúa en la práctica. El Estado debe hacerse más presente en la protección a la niñez en situación de vulnerabilidad para evitar truncarles la vida, los sueños y las oportunidades de que actuales víctimas puedan crecer sin traumas severos y convertirse en ciudadanos con una vida digna, como personas plenamente realizadas en la sociedad.

No dijo nada. La pequeña niña, de apenas cinco años de edad, simplemente se acercó a la vecina y le ofreció de regalo una bombilla para el mate o tereré, con moretones en los ojitos y huellas de rasguños en el rostro.

Fue su manera de pedir ayuda en silencio. Por fortuna, la vecina, identificada como Karina, pudo entender la silenciosa súplica y llevó a la pequeña hasta la sede de la Fiscalía regional para que fuera inspeccionada. Allí se constató que la niña tenía una fractura en el brazo, que databa al menos de ocho días. Le habían pegado con un palo de escoba y le habían roto el brazo. Los vecinos no pudieron escuchar su llanto o pedido de auxilio, porque los abusadores le habían tapado la boca con cinta adhesiva, según el relato.

Fue así como se pudo conocer el dramático caso de las dos niñas huérfanas de padre y madre, de cinco y once años de edad, quienes quedaron a cargo de la tía, que había quedado con la tutela legal. No era la primera vez que eran víctimas de maltratos violentos, pero las niñas siempre negaban haber sido golpeadas, bajo amenazas de represalia.

Ambas fueron rescatadas tras un allanamiento fiscal y policial el pasado martes. La tía y tutora legal, de 45 años de edad, al igual que el hijo de esta, un hombre de 26 años de edad, resultaron detenidos por los delitos de lesión grave, falta del deber del cuidado y omisión de auxilio. En este caso concreto, como en muchos otros, ya existían antecedentes de violencia y correspondía que el juzgado del menor realice un seguimiento de la custodia, lo cual no se efectúa en la práctica, tal como lo reconoció la propia ministra de la Niñez y la Adolescencia, Teresa Martínez.

Este grave episodio, que conmovió a la ciudadanía, constituye apenas la muestra de una problemática mucho más extendida y profunda del maltrato a niños y niñas, que requiere soluciones de fondo y no meros discursos sensibleros.

La Ley 1680, del Código de la Niñez y la Adolescencia, establece que “el niño y el adolescente tienen derecho a estar protegidos contra toda forma de explotación y contra el desempeño de cualquier actividad que pueda ser peligrosa o entorpezca su educación, o sea nociva para su salud o para su desarrollo armónico e integral”.

En el caso de las niñas de Limpio, se debe valorar la actitud de la vecina, quien intervino con decisión y asumió la denuncia ante las autoridades. Generalmente, muchos espectadores del maltrato a los niños no quieren intervenir por miedo a represalias, así se convierten en cómplices de una situación de mucha gravedad.

El sistema jurídico establece que cualquier ciudadano en conocimiento de maltrato a menores debe intervenir. Las denuncias deben ser realizadas en la Fiscalía de la Niñez y la Adolescencia o en la Defensoría de la Niñez y la Adolescencia, en los Juzgados de Paz, la Codeni o la Policía Nacional.

El Estado debe hacerse más presente en la protección a la niñez en situación de vulnerabilidad, para evitar truncarles la vida, los sueños y las oportunidades de que actuales víctimas puedan crecer sin traumas severos y convertirse en ciudadanos con una vida digna, como personas plenamente realizadas en la sociedad.

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