Editorial

Se debe buscar equilibrio entre la salud de todos y la economía

La emergencia nos enfrenta a una crisis de salud y económica sin precedentes. Existe actualmente un grado de unanimidad –también sin precedentes– sobre la efectiva conducción para enfrentar la epidemia desde el Ministerio de Salud. Las medidas restrictivas iniciadas el 10 de marzo se extienden, de momento, hasta el próximo 12 abril, y se subraya su efectividad, ya que ha evitado el colapso de los servicios. Sin embargo, el golpe que sufre la economía paraguaya es el motivo de que se esté planteando una gradualidad en la vuelta a las actividades económicas. Ante un escenario incierto, se debe buscar un equilibrio que permita un respiro a la situación económica, pero sin poner en riesgo la salud y la vida de los paraguayos.

De acuerdo con la última actualización del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social, hasta ayer, martes, fueron procesados un total de 500 pedidos de suspensión laboral, lo cual afectaría a alrededor de 15.000 trabajadores. Estos números, sin embargo, representan apenas la punta de un iceberg cuyas dimensiones aún no podemos valorar.

Conocemos ahora el impacto que está teniendo la pandemia del coronavirus en los demás países y por eso precisamente debemos reconocer las medidas que se han tomado para enfrentar esta crisis en nuestro país. Las cifras de Salud nos indican que la cuarentena ha rendido sus frutos. También tenemos que reconocer las medidas económicas que se anunciaron; y considerando la realidad de la caída de la economía con la cuarentena, este es el aspecto más complejo de esta crisis.

Miles de trabajadores se han quedado sin posibilidades de generar ingresos, y los subsidios que están siendo entregados constituyen un parche, que podrá remediar por un breve tiempo las necesidades de la población más necesitada.

La gran pregunta que la conducción económica se está haciendo en estos momentos es: ¿Hasta cuándo aguantará la economía? Porque resulta que la economía paraguaya, igual que las personas de riesgo ante el coronavirus, ya tenía trastornos preexistentes. Esta crisis solamente le agrega una dosis extra de problemas a una situación anterior.

Debemos ser conscientes también de que las necesidades en otras franjas también se están acumulando. El paro de actividades afecta a miles de micro y pequeñas empresas y a sus empleados. Por eso debemos abogar por una conducción económica más asertiva, que sea capaz de encontrar un punto intermedio, un equilibrio justo y sensato entre economía y salud.

La cuarentena que mantenemos desde el 10 de marzo ha resultado exitosa, a pesar de las muchas personas sin conciencia que abandonaron el encierro sin urgencias ni necesidades. Lo mismo sucedió con los miles de irresponsables que, enfrentando todas las prohibiciones establecidas, viajaron al interior del país para pasar la Semana Santa. Estas personas han puesto en riesgo a sus familias y a todas las personas con las que interactuaron. También hay personas que debieron abandonar sus hogares y familias, movidas por la necesidad, para poder cumplir algún trabajo, ganar algún dinero.

La burocracia estatal ha demostrado ser el elefante del que siempre hemos hablado, grande, pesado y que se mueve muy lentamente. Eso ha quedado demostrado con las demoras para poder llegar de forma rápida y eficiente a la población más carenciada.

Ahora esperamos que la burocracia sea eficiente y efectiva para definir el rumbo por el que transitaremos en las próximas semanas. Nos urgen respuestas a nivel económico que sean rápidas y certeras; que logren hallar la estrategia ideal que asegure la salud y que pueda permitir darle un respiro a la economía. En momentos en que se están considerando las diversas opciones para la salida gradual de la cuarentena, seguimos sosteniendo que, sea cual fuere la decisión que tomen las autoridades, tengan siempre presentes como prioridades la salud y la vida de todos los paraguayos.

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