Uno de los casos corresponde a un hombre de 51 años de edad, residente en el barrio Valle Apu’a de la ciudad de Lambaré; el segundo afectado es un hombre de 44 años, proveniente del barrio Las Garzas de San Antonio y la tercera víctima de la enfermedad es una niña de dos años, del barrio Po’i de Yaguarón, según reporta Salud.
En estos lugares se está llevando a cabo el bloqueo correspondiente, en el marco de las tareas de Control y Vigilancia de Leishmaniasis Visceral Canina, que viene realizando el Programa Nacional de Control de Zoonosis y Centro Antirrábico Nacional (PNCZyCAN), del Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social (MSPyBS).
La leishmaniasis visceral es una enfermedad grave, (también llamada Kala-Azar), producida por un parásito (leishmania chagasi) que vive en la sangre y en los órganos internos. Los perros son los reservorios, es decir, la fuente de contagio. Se transmite a través de la picadura de insectos chupadores de sangre, denominados flebótomos (karachá), que generalmente pican en horas de la tarde y la noche; viven en los basurales, matorrales y agujeros de troncos. Si un flebótomo pica a un perro enfermo y luego de un tiempo, a una persona, la enfermedad se transmite a ella.
Un perro con leishmaniasis visceral puede aparentar estar sano, pero puede tener los parásitos y ser, igualmente, fuente de contagio. Los síntomas de esta enfermedad en los canes son: caída del pelo, pequeñas úlceras en la piel, adelgazamiento, crecimiento exagerado de las uñas, decaimiento y conjuntivitis.
En cuanto a los seres humanos, la leishmaniasis se manifiesta con fiebre alta y prolongada, tos, abultamiento del abdomen, desmejoramiento y pérdida importante de peso. El riñón, el hígado y el bazo son los órganos más afectados.
QUÉ HACER. Ante la sospecha de que una persona tiene leishmaniasis visceral, debe consultar inmediatamente a un centro asistencial, difundir la información, evitar acumular basuras y desmalezar los patios baldíos.
Si su perro tiene síntomas compatibles con la Leishmaniasis visceral canina, debe recurrir a su veterinario o al Programa Nacional de Control de Zoonosis. No existe vacuna para esta enfermedad, por lo que los canes portadores deben ser sacrificados.