Correo Semanal

Reflexiones sobre el poder en Venecia

 

Magdalena Tsanis

El brillo lo ponen estrellas como Brad Pitt, Scarlett Johansson, Meryl Streep o Johnny Depp que han desfilado por la alfombra roja de la Mostra, pero un festival de cine es también una panorámica de reflexiones políticas y sociales sobre el mundo contemporáneo. ¿Qué inquieta a los cineastas?

En esta 76ª Mostra de Venecia que concluye hoy se ha hablado de feminismo, de masculinidad tóxica, de las nuevas generaciones, de violencia, de amor y desamor. Pero si hay un tema que ha sobresalido ha sido el de la verdad y la mentira: retorcer la realidad hasta convertirla en otra cosa o, dicho de otro modo, cómo el poder manipula a los individuos para mantener su estatus.

Dos de las películas que más han interesado hablan precisamente de esto. En Waiting for the barbarians, el colombiano Ciro Guerra adapta la novela homónima del Nobel de Literatura J.M. Coetzee para contar una historia acerca de un gobierno imperialista que inventa un enemigo para justificar la violencia.

Coetzee se inspiró en la Sudáfrica del apartheid pero la trama podría suceder en cualquier lugar y momento, incluso hoy, en los tiempos de las noticias falsas. “Nos metimos en la película con la idea de que sucedía en una tierra y un tiempo lejanos pero durante el proceso cada vez parecía algo menos lejano y más ligado al presente”, recordaba el director en rueda de prensa.

La otra cinta que aborda este tema es J'accuse. Roman Polanski recupera el célebre caso Dreyfus: de nuevo cómo el poder confabula y miente para protegerse a sí mismo, a través de la historia de un joven y prometedor soldado judío condenado por espionaje con pruebas falsas.

Polanski se centra en denunciar la retahíla de irregularidades cometidas en el juicio y hace así su particular llamamiento a defender la verdad, cueste lo que cueste.

Un Jocker a lo Taxi Driver

Una de las mayores sorpresas del festival ha sido el Jocker de Todd Phillips, más cercano a Taxi Driver que una película del universo DC Cómics con un soberbio Joaquin Phoenix al frente. La película que se ha llevado la mayor ovación del certamen tiene un poso de denuncia sobre cómo la sociedad margina a los enfermos mentales.

Político, como siempre, Robert Guediguian firma un nuevo trabajo abiertamente anticapitalista en Gloria Mundi, una llamada desesperada a poner el freno antes de que la precariedad laboral acabe con todo. Un conductor de Uber apaleado por varios taxistas, un propietario de una tienda “cash converter” o una dependienta con horarios interminables ofrecen señales de los tiempos que corren.

Y Soderbergh, denunciando la concentración de la riqueza y la evasión fiscal en The Laundromat, su particular relato sobre los papeles de Panamá, con Meryl Streep y Gary Oldman.

La saudí Haifaa al Mansour, una de las dos únicas mujeres directoras en la competición oficial, cuenta una historia de empoderamiento femenino en The perfect candidate, sobre una joven médica saudí que acaba presentándose a las elecciones municipales.

Y el chileno Pablo Larraín se asoma en Ema al modo de ver la vida de la generación Z a través de la odisea de liberación de una mujer traumatizada por una adopción frustrada.

También se ha visto la otra cara de la moneda: la crisis de la masculinidad. En Ad astra de James Gray, envuelto en el caparazón de una aventura espacial de ciencia ficción, reside el viaje emocional de un hombre (Brad Pitt) que debe superar el abandono paterno y sus dificultades para mostrar sus sentimientos y abrirse a los demás.

Mientras que el portugués Tiago Guedes muestra el desmoronamiento de una forma de entender la masculinidad como ejercicio de la autoridad y la fuerza en A Herdade, un melodrama que recorre la historia reciente de Portugal a través de la vida de un poderoso latifundista y su familia.

Venecia también ha dejado espacio para lo íntimo. Otra de las cintas mejor recibidas ha sido Marriage story, en la que el estadounidense Noah Baumbach desmenuza con delicadeza todos los matices del proceso de la ruptura de una pareja de largo recorrido, una apuesta por el amor después del amor.

El checo Vaclav Marhoul ha defendido que A painted bird es también una película sobre el amor y la humanidad, pero por su clamorosa ausencia, ya que se trata de la brutal odisea de un niño judío errante durante la Segunda Guerra Mundial que sufre o es testigo de todo tipo de vejaciones.


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