Opinión

Récord de inversiones debe motivar al Gobierno a avivar las políticas de desarrollo

Un informe reciente de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) nos pone ante una nueva promisoria realidad: el Paraguay tuvo en el 2010 un récord de inversión extranjera directa (IED). De acuerdo con dicho documento, el país recibió USD 268 millones en ese año, lo que significa un 171 % más que en el 2009, cuando la cifra llegó a USD 99 millones. Para que esto sea aprovechado y posibilite al Paraguay comenzar a transitar el camino al desarrollo, es imperioso que el Gobierno establezca políticas que constituyan el marco para la sustentabilidad del crecimiento. De otra forma, la bonanza macroeconómica actual podría desaparecer como una burbuja.

Dos años atrás, difícilmente se hubiera pensado que el país tendría hoy condiciones bastante favorables en lo económico. Sobre todo, teniendo en cuenta la crisis financiera mundial que repercutía entonces en mayor o menor medida en todas las economías nacionales, incluyendo -lógicamente- la nuestra.

Cuando se hizo cuentas a finales del 2010, nos vimos ante la situación de que Paraguay fue el tercer país en crecimiento porcentual del PIB en el mundo (14,5 %). Tras un sacudón que dio la inflación en los primeros meses del 2011, hoy pareciera que retornan el equilibrio y la proyección positiva de la economía. Así, tenemos, por ejemplo, unas reservas internacionales de USD 4.600 millones frente a una deuda externa de USD 2.306,8 millones.

En este escenario, ahora, aparece el último informe de la Cepal, que anuncia un nuevo récord para el Paraguay: la inversión extranjera directa (IED) en el 2010 con un incremento de 171 % respecto al 2009.

Este es uno de los indicadores más importantes de los últimos tiempos -sin desdeñar los demás, claro está-, teniendo en cuenta aquello de que el capital no se instala en un país por mera simpatía: va adonde encuentra seguridades.

Pero el dato proporcionado por Cepal, al mismo tiempo de darnos una señal sumamente alentadora, constituye un tremendo compromiso para el Gobierno, desde el momento en que le obliga a asegurar el marco para que las inversiones que vienen de afuera sean bien aprovechadas en Paraguay y contribuyan efectivamente a crear mejores condiciones económicas y sociales, y fundamenten el futuro desarrollo pleno.

Aquí, el Gobierno debe entenderse como los tres poderes que integran el Estado: el Ejecutivo, como administrador de las oportunidades nuevas que se nos presentan; el Judicial, para la seguridad jurídica, esencial para seguir atrayendo los capitales foráneos, y el Legislativo, donde suelen aflorar los intereses políticos y crematísticos que quieren ver a dichos capitales como oportunidades para "arañar" algo (vulgo, posibilidades de coima).

En este aspecto, son atendibles las palabras de la secretaria ejecutiva de Cepal, Alicia Bárcena, quien expresa que, para mejorar la capacidad de absorción de los beneficios de estas inversiones, es necesario aplicar políticas de desarrollo productivo, focalizadas en la innovación y en el fortalecimiento de las capacidades locales para fomentar la creación de empleos de calidad.

La IED debe ayudar al país a crecer con equidad y el Gobierno tiene mucha responsabilidad en ese menester, profundizando eficaces políticas de desarrollo.

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