Por Noelia Duarte/CIUDAD DEL ESTE
Un grupo de reclusas del Correccional Juana María de Lara realiza ensamblaje de clavos para chapas, con lo que ganan su sustento dentro de la propia institución penitenciaria. Esto, mediante un convenio con una firma metalúrgica de la zona, que provee los insumos y las maquinarias.
Desde abril del año pasado las internas de la cárcel esteña realizan el ensamblaje y empaquetado de clavos para techo, que luego entregan a una metalúrgica de la zona para su comercialización. Son en total 10 máquinas destinadas a las reclusas de mejor comportamiento, quienes llegan a percibir entre G. 400.000 a 500.000 por mes, que los destinan para la alimentación de sus hijos o para su sustento dentro del penal, según indicaron las mismas.
El inicio fue con una sola máquina, pero ante la gran demanda, el empresario llevó más equipos e insumos, con lo que aumentó la producción y llenó las necesidades que plantea su empresa.
“La firma nos paga G. 700 por cada fardo que contiene 20 paquetes con 35 unidades de clavos en cada uno; al día fácilmente llegamos a 32 o 35 fardos y ganamos por lo menos G. 40.000", explicó Mabel Aquino, quien hace tres meses está en la tarea de empaquetar la producción, que es finalmente comercializada en la firma metalúrgica, muy próxima a la sede penitenciaria.
La selección de las trabajadoras depende del comportamiento de las mismas dentro de la institución, dijo la directora María Teresa Rolón.
REQUIEREN DE UN TINGLADO. Asimismo, la directora del correccional explicó que ahora requieren de un tinglado para poder colocar más máquinas de ensamblaje que la empresa metalúrgica está dispuesta a donar para el oficio de las internas.
“Podemos llegar a tener 30 máquinas, y lo bueno es que el 100 % de lo que ganan por su producción es para ellas; de alguna manera ayudan a su familia, paga sus gastos de justicia y son muchas las que están en la fila a la espera de una posibilidad de trabajar en esto”, explicó la responsable de la cárcel de mujeres.
Gloria Núñez, una de las internas, comenzó desde el viernes a empacar los clavos y la misma admitió que estaba pendiente de la libertad de su antecesora para poder ocupar lo que ella considera un puesto de trabajo, pese a estar tras las rejas.
AYUDA A LA FAMILIA. Antonia Fariña comentó que desde la mitad del año pasado está trabajando y que pagó la escuela de sus tres hijos mediante los G. 500.000 que mensualmente obtiene con el oficio.
Nélida Sotelo hace 10 meses ingresó por microtráfico y sus hijos quedaron a cargo de su hermano de 19 años. “Con mi producción conseguí comprar bebidas para que ellos vendan en casa, sin necesidad de salir a la calle, y les ayuda en el sustento”, dijo.
Yanina Dávalos expresó que “la verdad que aprendí muy rápido el ensamblaje de clavos. Soy soltera y al menos les aliviano un poco a mis padres los gastos que deben hacer por mí, aún estando aquí adentro”.
LIBERTAD Y TRABAJO. De acuerdo con el convenio suscripto con la metalúrgica, propiedad de César Mancuello, cuando las internas que trabajan dentro del penal reciban su libertad, las mismas son absorbidas como funcionarias de la empresa.
Según los datos aportados por la directora de la institución, Mancuello prevé también vivienda y comida para las mismas, quienes, en la mayoría de los casos, salen a la calle, pero deben arrastrar el abandono de sus familiares y el rechazo de la sociedad.
“Las que quieren, pueden ir a trabajar en la metalúrgica; se les destina un lugar donde vivir y se les proporciona alimentación hasta que empiecen a ganar el primer sueldo y se vayan adaptando a la nueva vida en libertad”, explicó María Teresa Rolón.
La funcionaria del penal no supo precisar cuántas son las mujeres que estuvieron en el penal y actualmente forman parte del plantel de funcionarios de la metalúrgica, pero si indicó que la Dirección de Institutos Penales vela por el fiel cumplimiento de todas las cláusulas del convenio.