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Rápido endeudamiento que no ha tenido impacto significativo

El rápido aumento de la deuda pública es, probablemente, el hecho macroeconómico más significativo de los últimos años. En un solo quinquenio, la proporción de la deuda con respecto al PIB se duplicó, mientras que en valores absolutos se multiplicó por 2,5. Los riesgos son importantes y crecientes ya que el ritmo de crecimiento económico se redujo a menos de la mitad y no se observan cambios sustanciales en la institucionalidad que pongan límites a la corrupción en las obras públicas. Otro riesgo se origina en la necesidad de destinar recursos de deuda para el pago de compromisos anteriores. En este contexto económico-político adverso, las autoridades deben tomar con mayor seriedad y poner por encima de los intereses particulares y coyunturales el bien común y la sostenibilidad a largo plazo.

Es innegable la necesidad de dotarle al país de mayor y mejor infraestructura en todos los ámbitos. La falta de caminos de todo tiempo y de rutas asfaltadas, el mal funcionamiento del transporte público, los problemas en los establecimientos educativos y de salud exigen una importante inyección de recursos.

Paraguay requiere cambiar su estructura productiva hacia una más diversificada, menos vulnerable a factores exógenos que no puede cambiar o mitigar sus efectos negativos y con mayor absorción de mano de obra.

El país debe incorporarse al comercio internacional vendiendo productos con mayor valor agregado y a mercados que pagan más, por lo tanto tiene el desafío de aumentar sus estándares de calidad.

Estos cambios requieren políticas públicas ambiciosas que van desde la formación del capital humano necesario y el apoyo a las pequeñas y medianas empresas, hasta un cambio en la matriz energética y la expansión de infraestructura vial y comunicacional.

Son transformaciones que deben iniciarse ahora y que deberán ser impulsadas por los próximos 20 o 30 años si consideramos el tiempo que le llevó a países que lograron superar el estadio en el que Paraguay se encuentra ahora. La carrera por el desarrollo exige recursos, que en los últimos 5 años han salido fundamentalmente del endeudamiento externo.

Los resultados no solo son pocos, sino que en algunos casos negativos, como es el caso del Metrobús, o una gestión deficiente como el viaducto que se inunda. En algunos ámbitos no ha habido avances, como en el transporte público, tan necesario para el bienestar de las personas y la productividad del trabajo.

Como si todo esto no fuera suficiente, la situación internacional se agrava, obstaculizando las posibilidades del crecimiento económico, de tasas promedio superiores al 5% anual pasamos, en algunas proyecciones, a menos de la mitad para el año 2019. No es lo mismo endeudarse con altos niveles de crecimiento que con escenarios volátiles y a la baja.

La complejidad aumenta al considerar que el sistema tributario no ayuda en muchos sentidos. En primer lugar, el endeudamiento es necesario porque tenemos una de las recaudaciones más bajas de la región.

Adicionalmente se agrega el problema de la inequidad. De mantenerse estas condiciones, cada vez será mayor la proporción de deuda destinada al pago de deuda anterior y la mayor incidencia del cumplimiento de los compromisos terminará recayendo en quienes no se beneficiaron con estos recursos.

La inequidad que se generará será tanto por niveles económicos como por generaciones. El pago de la deuda afectará desproporcionalmente a las personas de menor nivel económico y a las generaciones futuras.

El mayor endeudamiento sin impactos significativos por parte de la gestión anterior ya se siente en la actualidad. Esperemos que este Gobierno sea consciente de ellos y no deje una herencia similar.

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