Opinión

¿Quo vadis, Mercosur?

Alberto Acosta Garbarino, presidente de Dende.

Desde el triunfo de Bolsonaro en las elecciones presidenciales brasileñas del año pasado, ha surgido un mar de dudas sobre el futuro del agonizante Mercosur.

Estas dudas aumentaron cuando a los pocos días de la victoria electoral, el superministro del área económica, Paulo Guedes, afirmó que “el Mercosur no es una prioridad, porque es muy restrictivo. El Brasil quedó prisionero de alianzas ideológicas y eso es malo para la economía”.

Estas declaraciones causaron sorpresa y desconcierto en los otros países del bloque, porque provenían del país que representa el 75% del producto interno bruto y el 80% de la población del Mercosur.

Es cierto que Paulo Guedes después pidió disculpas por sus afirmaciones, pero el encuentro de la semana pasada entre Bolsonaro y Macri ha confirmado que el Mercosur sufrirá profundas transformaciones.

No se sabe aún qué cambios impulsará el Brasil, pero todo nos indica que quiere reducir el amplio proyecto del Mercosur, a una simple zona de libre comercio.

Recordemos que el Mercosur fue concebido inicialmente como un Mercado Común, donde los países miembros teníamos que armonizar nuestras políticas monetarias, cambiarias, fiscales, etc.; también fue concebido como una unión aduanera, donde los países miembros íbamos a coordinar nuestras políticas arancelarias para el comercio con terceros países; y por último, fue concebido como una zona de libre comercio, donde los países miembros íbamos a poder comerciar entre nosotros sin ningún tipo de aranceles.

Los avances o los retrocesos en el Mercosur siempre se debieron a los permanentes vaivenes de la política brasileña.

En la década de los 90 cuando en el mundo se hablaba de globalización y liberalización basadas en negociación entre bloques económicos, el Brasil creó el ambicioso Mercosur.

Desde el 2003 en adelante, cuando en América del Sur la izquierda llegó al poder, Lula dejó de lado el Mercosur económico y lo convirtió en un Mercosur social y político, desvirtuándolo totalmente.

Hoy, en el 2019, con el rebrote del nacionalismo en el mundo entero y la llegada de Bolsonaro al poder, el Brasil quiere liberarse de la atadura que le impone el Mercosur.

El Mercosur como fue concebido no es viable porque el principal país del bloque –que es el Brasil– no acepta la supranacionalidad, es decir, la obligación de acatar decisiones tomadas en instancias que se encuentran por encima de cada país (como es en la Unión Europea).

Ante esta realidad, hay que asumir que el único nivel de integración posible entre países tan asimétricos, es simplemente una zona de libre comercio, como la que existe entre Estados Unidos, Canadá y México.

Si hacia ahí se encaminara el Mercosur, el Paraguay tendría que exigir que por lo menos dicha zona de libre comercio sea perfeccionada, es decir, sin las frondosas listas de excepción y sin la cantidad de barreras no arancelarias que hoy existen.

En paralelo, nuestro país debería negociar y firmar un acuerdo automotriz –que se encuentra fuera del Mercosur– con el Brasil y la Argentina, para que podamos seguir desarrollando nuestra incipiente industria de autopartes.

En este mundo tan cambiante, los países siempre deben tener muy claro cuáles son sus verdaderos intereses nacionales.

A mi criterio, SIEMPRE ha sido de interés nacional para el Paraguay el tener una zona de libre comercio perfeccionada con los vecinos, que le permita atraer importantes inversiones extranjeras orientadas a producir para los gigantescos mercados regionales.

Pero NUNCA ha sido de interés nacional para el Paraguay el coordinar políticas arancelarias con países tan proteccionistas como nuestros vecinos y NUNCA fue de interés nacional el coordinar políticas macroeconómicas con dos países tan inestables como el Brasil y la Argentina.

Aprovechemos que el Brasil quiere impulsar cambios al Mercosur que coinciden con nuestro interés nacional. Impulsemos una zona de libre comercio... pero perfeccionada.

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