Opinión

Protocolos

Benjamín Fernández Bogado – www.benjaminfernandezbogado.wordpress.com

Los administradores de crisis saben muy bien que para sepultar un escándalo deben hacer aparecer otro igual o peor que haga disipar la trascendencia del primero. Esto forma parte del procedimiento habitual en países donde la anomia, la irresponsabilidad y la impunidad hacen parte del cotidiano vivir.

El cinematográfico proceso de liberación de un connotado narco acabó con la muerte de un comisario, varios heridos y tres automóviles incendiados a plena luz del día y en un populoso barrio asunceno, todo eso requería una respuesta rápida. Todo apuntaba a la responsabilidad del presidente y de su secretario encargado de seguridad. Terminaron pagando el ministro de prisiones, el comandante de la policía y... aunque nadie lo pudiera creer: El encargado de agricultura y ganadería. La cuestión era distraer la atención ciudadana y evitar la presión mayor sobre un Ejecutivo que vive en estado cataléptico y de apoyo condicional de más de la mitad del país.

La mejor opción fue escoger a Friedmann, cuyo prontuario era suficiente para convertirlo en el centro del debate ciudadano porque sin lugar a dudas la idoneidad que reclama la Constitución para el ejercicio de un cargo público estaba muy lejos de él. Sin embargo, el ex senador con permiso y ex gobernador junto con la esposa y su celular hacen una dupla formidable para cualquier exabrupto que acabe en el ridículo y el agravio... que distraiga.

A ambos todo eso les surge con una naturalidad oprobiosa que hace prever en el tiempo una avalancha de memes, humoradas e insultos por igual. La distracción del ejecutivo está asegurada con su nuevo ministro de Agricultura y Ganadería. Respirarán por unos días sus colegas y altos directores hasta que aparezca un nuevo escándalo que requerirá tener a mano otro igual y pronto.

En la era de los kelembuses devenidos en autoridades políticas claramente lo que vemos es un desgaste de la democracia y una justificación de los autoritarios de acabar con ella.

Así como Ñandejára Taxi o Mbeju Rova fueron la vanguardia del final del stronismo, estos nombramientos están llevando a una degradación de este sistema político que si no logra sustituir a sus gestores por personas capacitadas y éticas, estaremos haciendo la cama para el final de este sistema político en el que vivió la primera generación completa de paraguayos alguna vez.

La metáfora más elocuente la protagonizó el propio presidente, que en medio de la crisis se montó a las escaleras que llevan al carajo de un navío recién reparado. Sus asesores, ¿buscaron una nueva ironía o simplemente se les escapó la figura?

Hay que acabar con estas provocaciones a un sistema débil y con instituciones aún más frágiles donde pareciera que el escándalo de un hecho no puede ser resuelto por el camino de los protocolos establecidos sino por un nuevo escándalo que distraiga lo anterior.

Cuando se quemó el Congreso, se violó la Constitución y se mató a un joven en un partido político, a Cartes no le quedó otra que hacer del liberal Peña su candidato colorado. La historia ya la conocen y también lo que surgió como consecuencia.

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