Opinión

Preso

Benjamín Fernández Bogado – www.benjaminfernandezbogado.wordpress.com

La sensación que se tiene es que el primer mandatario está hoy preso de una serie de factores que terminarán afectando severamente al país en los próximos años. Primero lo es de quienes lo salvaron del juicio político, luego de quienes lo apuntalaron en horas aciagas para acabar siendo de sus propios temores y debilidades. Cada persona o grupo se cree su carcelero y se encarga de hacerlo saber a quien se le ponga enfrente.

En este proceso colisionan entre sus propios teóricos adherentes, en una confrontación absurda que despliega ante la opinión pública un nivel de fragmentación rayano en la demencia. Se ofrecen cargos de ministros a cambio de renuncias en Itaipú, sin importar si ambos son idóneos para la función que ocupan y la racionalidad del pago que reciben. Otros van en contra de uno de los dogmas económicos: Ponerle un tope al déficit fiscal. Cada uno como decimos en un buen paraguayo: “Andan por su cabeza”, generando una sensación de angustia a todos.

La solidaridad hacia el detenido o preso suele ser grande en una sociedad como la nuestra, donde hay más de 70.000 órdenes de captura no ejecutadas. El jefe de Policía muestra el orgullo de la eficacia de gestión de su cuerpo a cargo, afirmando que las cárceles están llenas porque están haciendo bien su tarea. En realidad, para meterlos a todos necesitamos un estadio del Cerro Porteño más el de Sajonia.

En la frontera con Brasil dicen que los marinos a cargo del hermano del vicepresidente de la República están descontentos con los contrabandistas porque no reciben los montos habituales (!). Estos ejemplos de descoordinación, afirmaciones dislocadas y sensación de que nadie controla nada tendrá un alto costo sobre el país a corto plazo. El presidente no se anima a pegar el golpe de timón porque sencillamente el timón ya no está en sus manos. Los que lo controlan se creen dueños del mismo y pegan maniobras a babor y a estribor sin ningún destino fijo.

Su propio hermano, absolutamente devualado en el cargo de ministro de Hacienda, afirmó que presentó renuncia, pero dicen que no encuentran alguien idóneo para el cargo, no tuvo empacho en afirmar que si los niveles de calidad de gasto se aplicaran de verdad –tarea a su cargo, de paso– el ahorro sería de 1.600 millones de dólares anuales; o sea, más de tres colocaciones de bonos del Tesoro (endeudamiento) en bancos americanos.

No se hace la tarea que se debiera y ya estamos entrando en la , cuyos funcionarios, cuando se les preguntaba sobre el nivel de corrupción, incompetencia o inutilidad de su Gobierno, afirmaban a voz de cuello: Mucho, demasiado o no te imaginás el volumen. Vamos camino a eso con todo lo que está ocurriendo, que es sencillamente el resultado de un Gobierno débil y preso de sus circunstancias e incompetencias.

Los ejemplos en el campo más débil de este y otros Gobiernos, que ha sido el de la gestión, profundizarán el nivel de desencanto ciudadano hacia la democracia. Esperemos –con fe, no con razón– que produzca la renovación completa de esta clase política egoísta y chata que está llevando al país al naufragio.

Si no creen que eso vale la pena para ellos y nosotros, deberían pensar por lo menos en los suyos cercanos, que también padecerán sus consecuencias. El presidente y su administración son presos de una realidad que ellos mismos han montado y sostenido. Esto no puede seguir así por mucho tiempo.

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