Editorial

Políticos que transan a escondidas merecen repudio de la ciudadanía

La reunión que intentó ser secreta entre el contralor Enrique García de Zúñiga y un grupo de senadores del Partido Liberal Radical Auténtico, que responden al sector llanista, en la noche el miércoles, es otra muestra de las actitudes poco éticas de referentes de la clase política, que actúan de manera poco transparente, de espaldas a la ciudadanía, para decidir cuestiones que afectan a la institucionalidad democrática. El episodio sería aun más grave si se confirma que la reunión fue para acordar un apoyo al contralor ante el proceso de juicio político que busca su destitución, a cambio de salvar a intendentes y gobernadores también cuestionados, ya que significaría un caso de tráfico de influencias, penado por la ley.

Una especie del infantil juego de las escondidas, conocido en el Paraguay como el folclórico tuka’ê kañy, es el que disputaron en la noche del miércoles varios miembros de la prensa con un grupo de senadores del sector llanista del Partido Liberal Radical Auténtico, con el cuestionado contralor general de la República, Enrique García, y uno de sus altos funcionarios.

La reunión, llevada a cabo en el domicilio de la senadora liberal Zulma Gómez, en un sector céntrico de Asunción, pretendía ser secreta, pero el dato se filtró y varios informadores de medios de prensa acudieron a montar guardia en el lugar, alcanzando a individualizar a algunos de los asistentes cuando se retiraban, aunque otros lo hicieron de manera encubierta y huyendo a la disparada.

El principal invitado de la reunión fue el contralor García, quien el próximo 24 de abril debe presentar su defensa en la Cámara de Senadores, en el marco del juicio político que se inició en su contra, ante denuncias y procesos por enriquecimiento ilícito y lavado de dinero, entre otros delitos. La reunión se habría desarrollado con la dueña de casa, la senadora Zulma Gómez, además de los senadores Blas Lanzoni y Dionisio Amarilla, junto con un grupo de intendentes municipales del sector liberal, que actualmente enfrentan auditorías de la Contraloría, además de movilizaciones ciudadanas y pedidos de destitución.

Los reporteros pudieron constatar la presencia de varios de los asistentes e incluso pedir explicaciones a algunos de ellos, quienes por todos los medios intentaron negar que haya existido la reunión. Fue llamativa la presencia del director de Control de Organismos Departamentales y Municipales de la Contraloría, Carlos Krüssell, quien es justamente el principal responsable de las auditorías de control que se vienen realizando a intendencias municipales y gobernaciones bajo denuncias y acusaciones de irregularidades, aunque el funcionario trató de hacer creer que se encontraba en el lugar solamente por “cuestiones particulares”.

Lo ocurrido es otra muestra de las actitudes poco claras y éticas de referentes de la clase política, que actúan de manera nada transparente, de espaldas a la ciudadanía, para decidir cuestiones que afectan a la institucionalidad democrática. El episodio sería aun más grave si se confirma que la reunión fue para acordar un apoyo al contralor ante el proceso de juicio político que busca su destitución, a cambio de salvar a intendentes y gobernadores también cuestionados, ya que significaría un caso de tráfico de influencias, penado por la ley.

Por su parte, senadores y diputados abdistas y cartistas han dejado atrás sus diferencias para influir juntos en varios puntos claves para la política nacional.

Aunque esta alianza no ha intentado ser secreta como la de los liberales con el contralor, puede llegar a afectar negativamente a la ciudadanía si solo se han aliado para hacer primar los intereses sectoriales por encima de los intereses de toda la población, como archivar el proyecto de suprimir a los legisladores parlasurianos, o imponer al candidato de su color en diferentes cargos.

Los políticos que transan a escondidas merecen el repudio de la ciudadanía.

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