Opinión

Políticos insaciables

Por Erwing Rommel Gómez egomez@uhora.com.py

El reciente autoaumento de G. 3.000.000 aprobado por la Junta Municipal de Asunción en las dietas de sus 24 concejales no es más que una muestra del desprecio que tiene la clase política de nuestro país hacia los sectores menos favorecidos de la sociedad.

Los jugosos ingresos mensuales que perciben ediles, senadores, diputados o cualquier otro mal llamado representante del pueblo no va en proporción con la productividad que debiera tener el trabajo que realizan en favor de las necesidades más sentidas de la población.

La realidad de esta gente desvergonzada es la de acceder a vehículos lujosos, mansiones, vacaciones en ciudades veraniegas del continente o Europa, ropas finas, cenas en los mejores restaurantes, regalos a amantes casuales, etc. Además, casi todos tienen negocios particulares que merced a influencias o su cercanía con el poder les permiten obtener ingentes ventajas económicas.

Se trata de una situación que dista abismalmente de la precaria situación económica que afecta a la gran mayoría de los habitantes de nuestro castigado Paraguay. Cada vez hay más gente, entre niños, adultos mayores y/o mujeres embarazadas, trabajando en las calles en condiciones infrahumanas, bajo el ardiente sol y el riesgo de ser arrollados en avenidas de tránsito rápido, para ganar algunas pocas monedas. La posibilidad de conseguir un empleo digno es improbable en la actualidad, aún cuando se tenga un excelente currículo académico y antecedentes de honestidad.

En el caso de la Comuna capitalina, los miembros del cuerpo legislativo comunal asunceno se aseguran un salario de G. 7.400.000, a lo que se suma un gasto de representación de G. 6.600.000; asistencia parlamentaria de G. 5.000.000 y cupos de combustible por G. 1.000.000, totalizando haberes por G. 20.000.000 mensuales.

Y la jugada siempre es maestra. El aumento se da precisamente en las dietas para que a la hora de la jubilación, que en el caso de los parlamentarios ya la quieren lograr de ser posible en un solo periodo de mandato, el ingreso no sea una suma tan insignificante de modo que les posibilite mantener el nivel de vida al que se acostumbraron en su maratónica carrera política.

Mientras ellos sesionan en sus cómodos curules, en una sala con aire acondicionado, bocaditos, agua mineral y otras atenciones, la ciudad se vuelve cada vez más caótica, con problemas que lejos de ser atendidos van agravándose por la desidia de las autoridades de turno.

El descontrol se enseñorea en la vía pública, con vehículos y motocicletas estacionados en las aceras o sobre franjas peatonales; puestos de venta informal que obstaculizan el paso de los peatones; cuidacoches que exigen entre G. 10.000 y 20.000 por una dudosa atención del rodado, que en nada se diferencia del pago de tasas municipales por servicios no prestados.

El municipio no tiene dinero para renovar los 212 cruces semafóricos que hoy día se encuentran en gran parte obsoletos y que al caer en disfunción se convierten en pasaportes a una muerte segura. Tampoco hay recursos para adquirir una flota de camiones recolectores y volquetes que puedan poner fin a la proliferación de vertederos clandestinos que se forman en cualquier parte y que contaminan el medio ambiente.

Asunción desperdició en todo este tiempo de vacaciones de las instituciones escolares, que ya llega a su fin, sus plazas y parques, que en alto porcentaje estuvieron descuidados, con sus juegos infantiles rotos y las malezas ganando a la vegetación ornamental.

Sin embargo sí hay plata para pagar a estos concejales -al menos a muchos de ellos- que se pasan priorizando intereses político-partidarios antes que la elaboración de minutas que realmente apunten a dar respuestas y soluciones a los contribuyentes que con el abono de sus tributos generan esos altos salarios.

En tanto, el ciudadano común no tiene otra que ver pasar el carnaval de abusos y esperar que llegue una nueva elección.

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