Correo Semanal

Poesía es intervenir la propia realidad

Alberto Sisa, poeta por antonomasia, habla de su creación, de su última obra y de sus motivaciones con la escritura. Cuestiona la falta de crítica en el país.

Miguel H. López

Alberto Sisa da Costa es de esos poetas que escriben y publican con la misma pasión. Marcado por la soledad, la muerte y el existencialismo en su creación, presentó recientemente su última obra, El árbol de Pedrito y otras poesías, con la que se transgrede a sí mismo al experimentar la prosa poética como un modo necesario, casi ineludible, de hablar de lo que ocurre a nuestro alrededor.

“La poesía es un modo de intervenir la realidad”, afirma y alude que este modo de expresar los sentimientos es “una manera de despertar esa conciencia nunca dormida”.

En su ya larga carrera que comienza antes del 2001 cuando imprime su primer poemario, Sisa nunca escribió nada que no fueran poemas. A los 17 años, cuando cursaba sus estudios secundarios en el colegio Naciones Unidas, ya pergeñaba sus decires en verso en el anotador de las lecciones y les daba vuelo y brillo en casa. Ríe cuando recuerda esos tiempos. Explica que coincide con sus hallazgos y descubrimientos de autores que marcarían facetas de su vena creadora Julio Verne, Pablo Neruda, Julián del Cazal, Amado Nervo, Rubén Darío… “Eso insufló en mí las ganas de escribir…”, espeta. No obstante, el antecedente determinante fue su madre, Aurora Asunción da Costa; gran declamadora y admiradora de Manuel Ortiz Guerrero cuyas obras le leía en las noches, y tal vez el ‘culpable’ de su romanticismo.

Entre quienes insuflaron en él el espíritu de la poesía –o de mejorar lo que ya venía escribiendo– también está su primo Nelson Roura, exponente de los escritores sesentistas, fallecido a los 24 años, de delicada y potente pluma; y Juan Carlos da Costa, integrante de la antidictatorial OPM, quienes mantenían a su vez la revista literaria El Péndulo. “Fueron una suerte de influencia intelectual”, acota.

Creación

Su último trabajo es su síntesis creadora en verso y marca el inicio de su exploración en prosa poética. En el árbol de Pedrito “hay como una visión del mundo mucho más extensa, más madura poéticamente hablando. Tiene que ver con la realidad misma”, describe el autor. Considero que la poesía –puntualiza– también es una forma de intervenir la realidad, expresando la verdad misma, no solamente la belleza, sino la sinceridad, la paz… Es una manera de despertar esa conciencia nunca dormida a través de una intervención de la realidad, de lo que nos acontece como seres humanos.

El árbol existe en una vereda del centro de Asunción. Es un árbol que creció torcido y está contenido en un muro que el legendario periodista deportivo Pedro García Arias (padre) parapetó para que el tronco no se derrumbara. Esa presencia se transforma en una alegoría. Se mezcla con las leyendas guaraníticas; alude a lo que sucede en torno al árbol, los personajes, cómo va extendiéndose, en historias, lugares, parajes. Sin embargo, confiesa Sisa, este no es el libro que más llena sus deseos de escritor.

La obra preferida fue publicada en 2010: Peatón alucinado. La más existencialista de su creación. “Habla de la soledad, de amores frustrados, de esos personajes que deambulan por la ciudad, seres olvidados. Es un reflejo de esa otra sociedad, marginada. Tiene mucho de autobiográfico. En esta etapa ya estaba trabajando en la biblioteca (de la Manzana de la Rivera), andaba buscando una nueva vivencia, un nuevo existir. Hay poesías que hablan de experiencias con textos como Rimbaud, Baudelaire, Mallarmé, los simbolistas franceses (los llamados poetas malditos). Hablan de la muerte, de la soledad, de la tristeza. Es el libro al que le tengo mucho afecto. Es el más logrado desde mi punto de vista como escritor. El que me deja más satisfecho. Tiene mucha intertextualidad con muchas obras leídas, que incluyen a la generación del 27 español: Aleixandre, Lorca…”.

Dentro de su creación también está Atalaya de los sueños (2001), reflejo de su etapa juvenil, el libro primerizo. Contiene los poemas iniciales, románticos y con esbozo de temática social. Luego Evasiones peregrinas (2006), que son poemas que tratan de la cotidianeidad. Un itinerario de viaje, de todos aquellos lugares que impactaron al autor, que llevan a sentir a través del paisaje. Es el único ilustrado con obras de la pintora Diana Mercedes Rossi. Un libro de bitácora de idas al exterior y al interior, que fue presentado en el 2007 en la Feria Internacional del Libro de Palermo, Argentina. Y Cenizales de fuego (2014), que sigue el mismo itinerario de Peatón alucinado. “Va mucho con esa soledad que uno siente, que necesita el escribir. Busca la alteridad de la palabra, ir al otro. Que el otro se sienta consustanciado con lo que uno escribe. También habla del cibermundo, qué hay detrás del otro prisma, espejo monitor”, detalla.

poesía y poeta

Sisa no halla una única idea para explicar por qué escribe solo poesía. Como decía Lorca –parafrasea– poesía es escribir dos o más palabras que se encuentran, es un misterio, como el nacimiento mismo. Y entonces recurre a Walt Whitman, para ampliar diciendo que todos los seres humanos estamos dotados de pasión y por ende de sentimiento. Creo, esboza, escribir –como decía Unamuno– es como desnudar el alma antes que revestirla. Es inherente al ser humano, es ante todo sentimiento, manifestación del espíritu. “Siento un gran respeto por el escribir”.

El poeta debe formarse, leer, instruirse permanentemente. El ser poeta es tener una antena para recoger todas las informaciones necesarias para escribir y a la vez escribir nace por una necesidad de expresarse, sentencia Sisa.

En Paraguay hay muchos poetas, reseña. Últimamente muchos jóvenes se están animando. Más se escribe poesía que otra forma de narrativa. La poesía es un arma más contundente, más efectiva que un rodeo de palabras. Puede encender esa chispa de la imaginación. Hay talleres, espacios, se está abriendo camino.

Como contrapunto indica que, sin embargo, nos falta la crítica. No tenemos crítica literaria. La crítica sirve mucho para orientar y fortalecer al escritor. Nuestro país no puede ser visibilizado en el exterior por esta razón, entre otras. Nuestra formación académica es mediocre. Nuestros agregados culturales diseminados por el mundo, hacen poco, hay como una orfandad, Paraguay no tiene presencia. No hay voluntad política de darle un espacio más a la cultura. Por eso estamos muy rezagados en comparación a otros países. Llega poca literatura, de lo que se está produciendo en otros lugares.

Alberto no ve que la poesía sea una suerte de Cenicienta de las letras en el país. Explica que esta siempre tuvo su capacidad motora, es autosuficiente; y entonces piensa: “Tuvimos muy buenos exponentes. Así como antes se decía que debemos redimir a través de la cultura, no a través de los tiros; hoy también podemos redimirnos a través de la cultura, el arte, la poesía. Para eso debemos potenciar más el sistema educativo”.

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