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¿Podrá un ciego guiar a otro ciego?

 

Hoy meditamos en el evangelio según San Lucas (6:39-42).

En el evangelio del día de hoy, el papa Francisco nos recuerda que el apelativo hipócritas que Jesús da varias veces a los doctores de la ley en realidad es dirigido a cualquiera, porque quien juzga lo hace enseguida, mientras que Dios para juzgar se toma su tiempo.

Si tú no eres capaz de corregir con amor, con caridad, en la verdad y con humildad, tú harás una ofensa, una destrucción al corazón de esa persona, tú harás una habladuría más, que hiere, y tú te transformarás en un ciego hipócrita, como dice Jesús. “Hipócrita, quita primero la viga de tu ojo”.

Quien juzga se equivoca, simplemente porque toma un lugar que no es suyo. Y quien juzga se convierte en un derrotado, termina mal, porque la misma medida será usada para juzgarle a él. El juez que se equivoca de sitio porque toma el lugar de Dios termina en una derrota. Y ¿cuál es la derrota? La de ser juzgado con la medida con la que él juzga.

El único que juzga es Dios y a los que Dios da la potestad de hacerlo. Jesús, delante del Padre, ¡nunca acusa! Al contrario, ¡defiende! Es el primer paráclito. Después nos envía el segundo, que es el Espíritu Santo. Él es defensor: está delante del Padre para defendernos de las acusaciones. Y ¿quién es el acusador? En la Biblia se llama acusador al demonio, Satanás. Jesús nos juzgará, sí: al final de los tiempos, pero mientras tanto intercede, defiende.

(Frases extraídas de www.pildorasdefe.net/liturgia/evangelio-lucas-6-39-42-ojo-paja-hermano-viga-clavada-murmuraciones y http: //es.catholic.net/op/articulos/6264/cat /331/podra-un-ciego-guiar-a-otro-ciego.html)

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