Opinión

¡PobreParaguay!

Alberto Acosta Garbarino Presidente de Dende

Durante varios años tuve el honor de formar parte del Comité de Calidad Editorial del diario Última Hora, donde aprendí mucho de todos los participantes, pero muy especialmente de ese gran periodista y escritor que es Bernardo Neri Farina.

Una de las cosas que aprendí es que la calidad del periodismo aflora en dos momentos extremos: o cuando no hay noticias importantes o cuando hay muchas noticias importantes. En ese sentido, la semana pasada estuvo llena de noticias, todas muy importantes y todas… muy malas.

Es muy difícil elegir un tema sobre el cual escribir, cuando en la misma semana, vimos la tragicomedia que fue el intento de juramento como senador de Duarte Frutos; vimos la inentendible demanda penal de Cartes y Nicanor a Fernando Lugo; vimos la vergonzosa entrevista al parlasuriano Neri Olmedo demostrando su absoluta falta de preparación para el cargo; vimos las indignantes declaraciones de Pakova Ledesma diciendo que un lugar en la lista de parlamentarios del PLRA tenía un precio de 200.000 dólares americanos; y, por último, vimos la detención de un funcionario judicial pidiendo coima en nombre de dos ministros de la Corte Suprema de Justicia.

Ante esta avalancha de noticias terriblemente negativas para nuestro país no dan ganas de elegir ninguna de ellas para escribir un artículo, dan ganas de decir solamente… pobre Paraguay.

Pobre Paraguay, donde la ambición desmedida de Nicanor Duarte Frutos y de Horacio Cartes está llevando a nuestro país a la destrucción total de las principales instituciones de nuestra democracia.

Hoy los poderosos de turno violan permanentemente nuestra Constitución, obteniendo, por medio de la cooptación política o de coimas, fallos favorables de nuestro corrupto Poder Judicial.

Pobre Paraguay, donde nuestro Parlamento también viola permanentemente nuestra Constitución, porque desde hace tiempo el mismo se ha erigido en intérprete de ella, siempre que se tengan los votos necesarios para el efecto.

Importantes miembros del Parlamento dicen cínicamente que en el Paraguay “gobierna el 23 y el 41”, es decir, si se tienen 23 votos en el Senado y 41 votos en Diputados, puede aprobarse cualquier ley aunque sea inconstitucional y la Constitución y las leyes pueden interpretarse como se quiera.

Pobre Paraguay, donde nuestra educación terriblemente deficiente hace que elijamos para representarnos, a senadores, diputados o miembros del Parlasur, sin la más mínima preparación para el cargo.

La elección de alguien como Neri Olmedo para representar al Paraguay ante el Parlasur es la mejor prueba de que cada pueblo tiene el gobierno que se merece o que cada pueblo tiene el gobierno que se le parece.

Con la cultura política de violar sistemáticamente la ley o interpretarla como a cada uno mejor le parezca, con la gran corrupción existente en el Poder Judicial y con una sociedad con niveles muy bajos de educación, tenemos todos los componentes de la enfermedad que padece la sociedad paraguaya: la anomia.

La palabra anomia viene del griego “a” que significa ausencia y de “nomia” que significa normas, leyes, orden. Una sociedad vive en una anomia cuando en la misma reina el caos, como resultado de que no se respetan las reglas que hacen posible la convivencia armónica.

Con la enfermedad de anomia que hoy padecemos es imposible pensar en el desarrollo del Paraguay, donde justamente uno de sus pilares se encuentra en tener instituciones sólidas que garantizan el respeto a los derechos de los ciudadanos, entre ellos la libertad y la propiedad.

Ojalá en los próximos días se encuentre una salida legal y aceptada por todas las partes al conflicto institucional que estamos viviendo y ojalá que el nuevo gobierno de Mario Abdo tenga como prioridad absoluta la recuperación de la institucionalidad perdida, que en gran parte ha sido culpa de los últimos tres presidentes que nos gobernaron.

Ojalá la semana que viene tengamos menos noticias negativas.

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