Editorial

Plantear soluciones para el caos del estacionamiento en Asunción

A casi dos años del frustrado intento de otorgar en concesión a una empresa privada el control y las tarifas del sistema de estacionamiento en Asunción, la Comuna capitalina ha dejado que impere una especie de "ley de la jungla" en las calles, en donde reina el descontrol, los espacios son administrados por los llamados "cuidacoches", se estaciona en lugares prohibidos y en doble fila en las angostas arterias, provocando aun mayores atascos en el tráfico. La continuidad del litigio judicial entre la Municipalidad y la firma Parxin impide que se pueda ofrecer el servicio a otra empresa, pero tampoco la Comuna tiene capacidad de gestión para controlar por sí misma, como sucedía en otras administraciones anteriores. La gran perjudicada es la ciudadanía. Urge plantear algún tipo de solución a este drama cotidiano.

Durante mucho tiempo, desde la época de la dictadura, fue la propia Municipalidad de Asunción la que controlaba y ordenaba el estacionamiento de vehículos en las calles de Asunción con sus famosos agentes “zorros grises” (por usar uniformes de dicho color), cobrando tarifas por horas a quienes estacionaban en calles y avenidas, y estableciendo sistemas de preferencias o espacios reservados a comercios e instituciones.

En los años 90, el entonces intendente Carlos Filizzola decidió concesionar el servicio a una empresa privada, bajo la denominación de Consorcio de Estacionamiento de Asunción (CEA), entre cuyos accionistas se hallaba el ex presidente Juan Carlos Wasmosy, con un sistema de uso de parquímetros y compra de fichas por horas, pero muy pronto la situación se volvió una pesadilla para el ciudadano, ya que la firma comercial tenía un objetivo principalmente recaudador y sus funcionarios muchas veces inventaban supuestas faltas para secuestrar los vehículos con las grúas, imponiendo elevados costos. El reclamo generalizado llevó a que otro intendente, Enrique Riera, suspenda y anule el contrato con el CEA.

Desde entonces, el propio Municipio volvió a hacerse cargo del control del tráfico y del estacionamiento, pero con una gestión cada vez más deficiente y un caótico resultado, con las unidades del transporte público que paran en cualquier lugar, con automovilistas que estacionan en doble fila o sobre las franjas peatonales, con los llamados "cuidacoches" que se han adueñado del espacio público e imponen sus propia reglas extorsivas, y con la notoria ausencia de agentes de tránsito para imponer orden y sancionar a quienes violan las disposiciones viales.

Un intento de volver a dar intervención al sector privado se dio en el 2016, cuando la Municipalidad propuso ceder en concesión el sistema de estacionamiento por 15 años al consorcio Parxin, pero el reclamo generalizado de los ciudadanos ante el elevado costo que iba a significar, llevó a que se suspenda el servicio, aprovechando que habían surgido algunas irregularidades en el proceso.

Desde entonces, la Comuna capitalina ha dejado que impere una especie de “ley de la jungla” en las calles, en donde reina el absoluto descontrol. La continuidad del litigio judicial entre la Municipalidad y Parxin impide que se pueda ofrecer el servicio a otra empresa, pero tampoco la comuna tiene capacidad de gestión para controlar por sí misma, como sucedía en otras administraciones anteriores.

La gran perjudicada es la ciudadanía. El caos se está prolongando mucho y no parece haber preocupación al respecto por parte de las autoridades municipales. Urge plantear algún tipo de solución a este drama cotidiano.

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