Editorial

Plan de reactivación debe sostener la calidad de vida y el desarrollo

Una de las principales características de la pandemia es la incertidumbre. No se sabe aún cuánto tiempo llevará la crisis económica, por lo que es necesario considerar las medidas de reactivación asumiendo el largo plazo de manera que el impacto de los recursos utilizados no acabe en la coyuntura dejando una deuda para los próximos 20 o 30 años. El fortalecimiento de las mipymes y de la agricultura familiar, las obras que benefician a la mayoría como la construcción de viviendas o las obras viales en las comunidades no solo beneficiarán a la diversificación económica, sino también tienen efecto multiplicador en el empleo. Paraguay debe aprovechar la oportunidad para fortalecer la calidad de vida y el desarrollo en el presente y el futuro.

Las medidas implementadas en el ámbito de la salud variaron entre los países, aunque la mayoría optó por el aislamiento social, y se observan importantes diferencias en la forma, momento y severidad.

Desde la economía se podría decir que en general hubo mayor consenso. Gran parte de los países implementaron acciones tendientes a garantizar ingresos que sostengan el aislamiento social y la protección a los empleos. En este momento se están diseñando las estrategias de reactivación económica para los próximos meses y años en el marco de un contexto de alta incertidumbre sobre el tiempo que llevará.

Paraguay no escapa a esa realidad, por lo que es necesario pensar en el largo plazo para garantizar que el esfuerzo realizado no termine en medidas costosas y con efectos coyunturales que obliguen dentro de unos meses a volver a plantear medidas y nuevo endeudamiento.

Los resultados de los planes van a ser proporcionales a la capacidad que tienen los países de implementar medidas de contención primero y de reactivación después. Los costos en pobreza y desigualdad van a ser menores en los países que lograron realizar transferencias de ingresos a las personas y sostener a las mipymes. La rapidez de la reactivación también variará en función de la capacidad de los gobiernos de sostener la demanda y ayudar a las empresas a financiarse durante la retracción del consumo.

El desconocimiento sobre la duración de las cuarentenas y el miedo de la ciudadanía están haciendo que los planes de corto plazo se desvanezcan.

El avance hacia fases más flexibles está demostrando que las aperturas no necesariamente dinamizan la economía, ya que la gente que puede dejar de salir continúa permaneciendo en sus casas, la menor actividad social y económica reduce la necesidad de compras y la incertidumbre laboral aumenta las precauciones en el manejo de la administración de los hogares.

En este contexto, la reactivación económica llevará meses e incluso varios años, por lo cual las estrategias costoefectivas serán aquellas que logren enfrentar las necesidades del corto plazo, pero con efectos que se extiendan al mediano y largo plazo.

Un ejemplo claro es el apalancamiento financiero para las mipymes.

En la medida en que esta medida se complemente con asistencia para el eslabonamiento de cadenas productivas agroalimentarias no solo se fortalecerá y formalizará este sector, sino que también se dinamizará la agricultura familiar. La integración de ambas intervenciones contribuirá a la generación de ingresos en un amplio sector económico, beneficiando particularmente a los de menores ingresos, a la juventud y a las mujeres.

El Gobierno debe utilizar toda su inteligencia en diseñar un plan cuyo impacto se sienta rápidamente para lograr una mayor confianza ciudadana, pero también debe extender sus efectos positivos por el alto peso del endeudamiento. El dinamismo económico que genere debe ser capaz de producir los recursos para el repago de la deuda contraída, además de recuperar los empleos y el ingreso familiar.

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