Opinión

Pistolas

Benjamín Fernández Bogado – www.benjaminfernandezbogado.wordpress.com

Los funcionarios públicos han redoblado su apuesta de los privilegios. Están dispuestos a matar –no a morir– por ellos y amenazan con parar el país si no se les concede sus injustos y aberrantes subsidios. Tienen enfrente a un ministro de Hacienda que hace 10 años como miembro del directorio del BCP decía completamente lo opuesto a lo que sostiene hoy como secretario de Estado. Por esas fechas afirmaba que no se le podía poner una pistola en la cabeza de Hacienda para hacerle entender que el dinero que paga a los empleados del Banco Central no deviene de los fondos generales, y que se los genera la misma institución (¡). Un argumento que sostuvo de igual forma cuando fue abogado de Itaipú, devenido en el botín más apetecido de los mortales paraguayos. Ahí son tan generosos que ni el IVA de sus astronómicos salarios sale de sus bolsillos, sino del nuestro. Tenemos una clase parásita que se burla de nosotros y por el bien de la democracia debe ponerse punto final a esta piñata que ya asusta incluso a los bancos prestatarios del país. El problema es que el titular de Hacienda no tiene el coraje de aplicar lo que propugna ni con sus empleados, cuyos privilegios son exhibidos de forma impúdica e impune frente a un pueblo pobre que debe sostenerlos.

Los privilegios son tan insultantes que reproducen dentro de la estructura del Estado la misma inequidad que nos empobrece como país. Hay médicos y maestros que sobreviven con magros salarios cuando otros funcionarios públicos –iguales que ellos, según el artículo 102 de la CN– son beneficiados con altos salarios, además de suculentas gratificaciones. Nuestros empleados se llevan el 97% del presupuesto anual. Eso explica nuestra vergonzosa situación, ya que cada vez que llueve o sopla algún viento (y a veces ni falta hace) el país colapsa. Zonas enteras del país estuvieron sin luz ni agua por más de dos días en la semana pasada, mientras el sindicato de estos entes nos amenazaba con una pistola que ni osáramos discutir sus privilegios porque saldrían en masa para mostrarnos su fuerza... El país se incendiaba y ellos concentrados egoístamente en sostener sus beneficios ante un pueblo inerme y explotado que padecía sus malos servicios. La gran batalla de la democracia se librará en la gestión pública y no me vengan con que se defiende con esto la privatización de los entes, cuando eso aconteció hace rato cuando sus directores coluidos con sus sindicatos transaron “derechos adquiridos” insultantes e insostenibles. El gobierno anterior, en vez de arreglar el desastre, lo empeoró unificando la matriz salarial donde al monto pagado por un trabajo de dudosa excelencia le agregaron todas las bonificaciones. Pero hete aquí que han vuelto con el presentismo, la ayuda vacacional, el gourmet card, la mitad del agua, la luz y el combustible etc., etc. Solo queda resolver todo esto antes de que sea demasiado tarde.

Están fundiendo el Paraguay y obligando a gobiernos entregados a la presión y el chantaje de ellos a que les sumen los beneficios. La peor venganza que le queda al pueblo si no resuelven este problema ahora es que los veamos incapaces de cobrar su jubilación cuando quiebre todo esto. O les pase lo de los argentinos mendigando en plazas una realidad económica de la que fueron cómplices en su momento. Esto no da más y si continúan amenazando con parar el Gobierno, al soberano (el pueblo, el ciudadano de a pie) no le quedará otra que forzarlos a salir a empellones o de forma aún más violenta.

Le están provocando a un país donde hasta los motochorros se quejan de que los robados no tienen nada. Donde por más de 24 horas no tenemos luz ni agua, pero sí sindicatos que nos amenazan para que no acabemos con sus privilegios. Mal servicio, instituciones quebradas y un ministro de Hacienda que dentro de unos años desde otra posición puede terminar afirmando lo opuesto a lo que hoy no se anima a llevar a cabo ni en su repartición.

Los sindicatos públicos han sacado sus pistolas y nos amenazan, solo queda responderles como mandantes. Debemos recordarles quién manda en democracia.

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