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PGN 2022 sin mejoras en calidad del gasto, pero con más deudas

El Ministerio de Hacienda presentó al Congreso el proyecto de Presupuesto 2022 sin mejoras sustanciales en su estructura. Ni la peor pandemia en la historia reciente pudo ser capaz de impulsar a las autoridades a resolver problemas estructurales, dando cuenta de una eterna inercia y, lo que es peor, falta de compromiso con los ciudadanos que pagan sus sueldos. Pocos cambios por el lado del gasto, ningún cambio por el lado de los ingresos y la comodidad de contratar más deuda. El Presupuesto General de la Nación es uno de los instrumentos de política fiscal más importantes que tiene el Estado para cambiar la vida de la gente. Si bien es el último eslabón de la política pública, es el que refleja las prioridades y el que define, en una parte importante, las posibilidades de un uso eficiente, eficaz y equitativo de los recursos.

El mensaje presidencial muestra la burbuja en la que se encuentra el eterno discurso exitista sobre el crecimiento económico, que ya ha demostrado su escasa capacidad para generar condiciones de bienestar al ubicarle al Paraguay durante interminables semanas en los primeros lugares de mayor letalidad por Covid-19 en el mundo.

El único aprendizaje al parecer fue mantener la inversión en salud, ya que el año pasado en plena pandemia el proyecto que presentaron verificaba una reducción del presupuesto en salud, situación que le llevó al país a no contar ni con insumos básicos durante varios meses.

La palabra “PIB” se repite al menos 16 veces en el mensaje presidencial, mientras que “bienestar” se cita una vez y “desigualdad” o “inequidad” ni aparecen. El lenguaje refleja el pensamiento, del sistema de valores, los principios, las ideas.

La visión simplista de la economía centrada en el crecimiento del producto es lo que nos ha llevado al statu quo y ha dejado al 80% de la población en una situación totalmente vulnerable ante la pandemia. La mayor parte de la población no pudo reducir sus actividades económicas y con ello el riesgo de contagiarse, no contaba con una vivienda adecuada para aislarse en caso de enfermarse ni ahorros para mantener sus activos o negocios.

El endeudamiento de los hogares ya era importante antes de la pandemia, durante la misma creció el de las pequeñas y medianas empresas en un desesperado intento de mantenerse vivas esperando un mejor momento.

Ni hablar de las condiciones de salud. La falta de camas, medicamentos, oxígeno y recursos humanos colapsó el sistema de salud generando muertes que podrían haberse evitado de contar de manera oportuna con los recursos necesarios.

El Presupuesto General de la Nación es uno de los instrumentos de política fiscal más importantes que tiene el Estado para cambiar la vida de la gente. Si bien es el último eslabón de la política pública, es el que refleja las prioridades y el que define, en una parte importante, las posibilidades de un uso eficiente, eficaz y equitativo de los recursos.

El proyecto no da ninguna señal de mejoras en la gestión de los recursos dirigidos a obras públicas. Al contrario, a pesar de los problemas que se observan sigue alimentando una cartera que no prioriza obras de valor público ni una ejecución planificada responsablemente. No se dieron señales claras en torno a la gestión de los fondos que financian la función pública. El déficit de la Caja Fiscal es insostenible e inequitativo, no hay un plan serio para eliminar bonificaciones, horas extras o seguros privados.

Tampoco se asume la necesidad de evaluar la eficiencia de las compras públicas. Un caso paradigmático es el del oxígeno. Mientras el Estado gastaba millones comprando, resulta que era posible producir a bajo costo a través de una buena gestión pública.

Por el lado del financiamiento solo se apela a más deuda, la solución más fácil es trasladar el problema a los siguientes gobiernos y generaciones, en lugar de generar el espacio fiscal necesario ya que el país sigue generando riqueza y la evasión permanece. Esta forma de gestionar la política fiscal va a llevar a la debacle al país, con un alto costo social y económico.

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