Política

Pequeña máquina de guerra

Édgar Emilio Servín

Había en mis tiempos de estudiante militar una materia de los mil demonios denominada EL ENEMIGO, asignatura que desafiaba toda la capacidad del alumno. He oído en el pasado a connotados oficiales del Ejército paraguayo, algunos egresados universitarios, expresar su temor de ser aplazados en ella. Como su nombre lo indica, EL ENEMIGO intimidaba. Hoy, a la luz de los años, me da la impresión que aquello era una cuestión de temor a lo desconocido. Como la educación militar es rica en contenidos lógicos, racionales, analíticos y científicos, y cuyo método era desconocido en nuestra educación tradicional de entonces, la asignatura despertaba cierto recelo. Era algo así como deducir un algoritmo en medio de una batalla. Resumidamente EL ENEMIGO consistía en descifrar con los datos proporcionados por el propio oponente cuál era su composición y sus medios, con ello el comandante amigo podía diagnosticar la envergadura del adversario y aplicar los métodos para vencerlo. Recordé a EL ENEMIGO en ocasión de las declaraciones vertidas esta semana por los líderes políticos actuales, y quienes tienen la obligación de proporcionarnos seguridad mediante la aplicación de políticas públicas propias a través de los órganos de prevención del delito, de los crímenes, del terror y la defensa nacional. La irrupción militar en nuestro conflicto de seguridad interna fue la respuesta política típica del Estado en su momento. Ahora, el debate transcurre en definir cuál es el modelo de gestión para brindar seguridad ciudadana a los compatriotas en el Norte del país. Existen tres criterios: una visión forense (Ministerio Público-Policía Nacional), una visión militar (Ministerio Público-Fuerzas Armadas) y un conglomerado mixto o proceso de hibridación (Ministerio Público-Fuerzas Armadas-Policía Nacional) similar a los métodos empleados por otros países. Dije en un artículo anterior que para otorgar eficacia a la FTC el Estado debería de proporcionarle articulación y propaganda. En suma una petite machine de guerre (en francés pequeña máquina de guerra). Para este articulista existen tres tipos de objetores de conciencia: el que repudia el servicio militar, el que debe procurar el sustento para terceros y no puede cumplirlo, y el que no lo repudia, pero privilegia aspectos como el empleo y el estudio. Y dotar al Estado de una petite machine de guerre implica entender este fenómeno, el reclutamiento. Hoy reclutar soldados no pasa por aplicar nuestras vetustas leyes en la materia. Pasa por modificarlas. Un sociólogo, un entendido en márketing y un experto militar en reclutamiento pueden aportar un mejor asesoramiento. Una petite machine de guerre implica talento humano y tecnología. No se preocupe, señora o señor. Si su hijo cumple el servicio militar obligatorio, no irá a combatir al EPP. Esa labor es para profesionales entrenados y comprometidos.

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