Opinión

Paraísos desolados

 

La explotación de las atracciones turísticas para el desarrollo de las comunidades en las que están insertas es una receta ampliamente aplicada alrededor del mundo. Para escaparnos de nuestro quehacer cotidiano, buscamos sitios de esparcimiento y relajación, y llevamos nuestro aporte económico (grande o pequeño, dependiendo del bolsillo) a las personas que ofrecen hospedaje, alimentación y entretenimiento en estos lugares.

Por este motivo, una situación que despertó mi curiosidad fue el sosiego y la tranquilidad que ofrecen las playas del sur de Italia, pues, salvo algunos días de la más alta temporada veraniega, las orillas del mar Tirreno ofrecen un panorama diferente a las playas de las que podemos disfrutar en este lado del planeta. La ausencia de puestos de venta de cualquier tipo de productos que pensamos necesario para aprovechar la llegada del turista es aquí una característica constante.

Al principio, podemos especular que este vacío responde a la apatía de la población o a la ostentosa vida que todos llevan en regiones como Calabria, pero esta parte de la península itálica es conocida por mostrar los mayores retrasos en términos de ingresos per cápita y desarrollo industrial. Entonces, ¿por qué los pobladores desaprovechan la oportunidad de instalar tiendas y sacar rédito de los visitantes? La respuesta, si bien tardé en que me la dieran, es muy sencilla: la mafia.

Los grupos criminales espantan la iniciativa privada en esta parte del mundo, pues los potenciales emprendedores locales, especialmente los más pequeños, no están en condiciones de pagar también la cuota a los miembros de estos núcleos delictivos, además de cumplir con los impuestos y asumir los riesgos propios de cualquier negocio. Entonces, optan por dedicarse a la función pública o, lo más frecuente, migrar al norte.

Esta triste realidad deprime económica y anímicamente a uno de los más espectaculares paraísos terrenales que la naturaleza nos ofrece; un peligro que, si bien parece lejano, puede también estar acechando al Paraguay.

Una de las noticias más impactantes que recibimos en los últimos días fue el ataque a la sucursal del Banco Visión en la localidad de Liberación, en el Departamento de San Pedro. La violencia y el despliegue utilizados en este atentado llamaron la atención de propios y extraños, pues aparte de haber reducido a escombros la instalación edilicia en cuestión, se lamentó la pérdida de una joven vida y otras dos personas quedaron heridas.

Al día siguiente del siniestro, directivos de Visión admitían que, con la mente un poco más fría, analizarían la conveniencia de mantener sus operaciones en estas zonas de riesgo; no es una posición cuestionable, la frecuente exposición a estos ataques va a generar el pánico en cualquier instancia, incluso al interior de entidades bancarias con presencia nacional como esta.

No podemos permitir que en nuestro país ocurran impunemente estos delitos y que terminen deprimiendo a comunidades enteras, al punto que la gente prefiera abandonar su hogar para salvar sus vidas. El empoderamiento económico es un arma con la que un pueblo puede enfrentar a los criminales, además de las fuerzas de seguridad; la iniciativa privada debe ser protegida, o vamos a acabar también cediendo nuestros paraísos a los que llegan con metralletas y dinamita.

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