Opinión

Paraguay, el reino de la Justicia SA

Arnaldo Alegre

Arnaldo AlegrePor Arnaldo Alegre

De tan asumido, no sorprende. De tan reiterado, parece un eufemismo. Nuestro sistema de Justicia está envilecido por la corrupción, los intereses creados y la manipulación más aviesa. Y lo peor de todo: no hay solución a la vista.

Ahora las sospechas recaen en Óscar Bajac y Raúl Torres Kirmser. Un funcionario de tercera línea –pero al parecer con muy buenas relaciones con los poderosos– fue grabado pidiendo USD 10.000 para asegurar los votos de ambos ministros. Los primeros indicios de los fiscales apuntan a que hay otros implicados en una trama recaudatoria.

En otro país más o menos serio estaríamos a las puertas de un escándalo que encabezaría la agenda política. Acá pasa como un dato más de color, como un episodio mínimo, como algo casi normal.

El país y las autoridades no se escandalizaron cuando esta misma Corte habilitó las candidaturas al Senado de Horacio Cartes y Nicanor Duarte Frutos, pese a la explícita disposición constitucional de que los ex presidentes deben ser senadores vitalicios. Así que es poco esperable que por un puñado de dólares se inicie una transformación de la Justicia o salgan multitudes a exigir una administración judicial honesta y proba.

La corrupción en Paraguay es estructural y endémica. Funciona como un sistema institucionalizado que reemplaza al verdadero, al que se basa en leyes, principios constitucionales y el sentido común. En el país, la billetera tiene más razones que la propia razón y puede superar cualquier biblioteca jurídica.

Los partidos tradicionales y la clase política no tienen ni el más mínimo interés en transformar esta situación. Una Justicia sumisa a los intereses pecuniarios es más fácil de manipular.

Pero pecamos de inocentes si vamos a pedirle a una estructura tan corrompida como la política que inicie una tarea de depuración.

Mientras sigamos votando a impresentables, mientras sigamos ofertando nuestros votos por algunas míseras monedas, mientras las nucleaciones partidarias renten las candidaturas a improvisados con dinero, en síntesis, mientras sigamos votando a facinerosos metidos a políticos, seguiremos con un Poder Judicial mediocre y prostituido.

Lo terrible de esta realidad es que de esta forma nuestro país continuará cojeando en una de sus patas más sensibles. Sin una Justicia creíble, profesional y moral, los intentos para afianzar las instituciones y hacer andar por el camino correcto a nuestra sociedad serán menos efectivos.

Ahora, Astrea se tapa los ojos, pero de vergüenza.

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