14 abr. 2026

Papa pide desde Mongolia a católicos chinos que sean “buenos ciudadanos”

En su primera visita en suelo mongol, el papa Francisco centró su mirada hacia los católicos chinos, aprovechando la cercanía y buscando descontracturar el distanciamiento entre el Vaticano y Pekín.

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Misión. En Mongolia mató dos pájaros de un tiro: Visitó a la minoría católica y lanzó un guiño a los chinos para acercarse a Pekín.

efe

El papa Francisco instó ayer a los católicos chinos a ser “buenos ciudadanos” al final de una misa durante su visita a Mongolia, un desplazamiento que aprovechó para procurando una mejora de los vínculos entre la Santa Sede y China.

El jesuita argentino –acompañado del obispo de Hong Kong, Stephen Chow, y del arzobispo emérito, cardenal John Tong Hon– envió un “caluroso saludo al noble pueblo chino”.

“A los católicos chinos, les pido que sean buenos cristianos y buenos ciudadanos”, dijo el Papa de 86 años, en una declaración al margen de sus discursos oficiales.

Con este primer viaje papal a Mongolia, un país de Asia central entre Rusia y China, Francisco buscó dos objetivos: Llegar a una región aislada donde el catolicismo es muy minoritario, y aprovechar la cercanía geográfica con China para mejorar las relaciones con Pekín.

Francisco ofició ayer una misa en un estadio de hóckey sobre hielo de la capital, Ulán Bator, para mostrar su apoyo a la pequeña comunidad de 1.400 católicos de Mongolia, un país mayoritariamente budista de tres millones de habitantes.

El Papa fue recibido por una multitud entusiasta y recorrió el estadio en un pequeño vehículo escoltado por el misionero italiano Giorgio Marengo, que con 49 años es el cardenal más joven del mundo y ejerce como representante de la prefectura apostólica de Ulán Bator.

Después, avanzó hacia el escenario en silla de ruedas para presidir la liturgia bajo una gigantesca cruz de madera colocada especialmente para la ceremonia.

El final de la misa gritó la palabra gracias en mongol “¡bayarlalaa!”.

En un encuentro el sábado último con misioneros católicos, Francisco afirmó que los gobiernos “no tienen nada que temer de la labor de evangelización de la Iglesia, porque esta no tiene una agenda política”, sin hacer una mención directa a China, un estado con el cual el Vaticano no tiene relaciones diplomáticas.

Fe peligrosa. Muchos peregrinos chinos viajaron a ver al Papa, pese a los riesgos de represalias a su retorno.

Fue “bastante difícil venir aquí”, contó a AFP una ciudadana china que asistió a la misa del domingo, que pidió no divulgar su identidad.

Según la mujer, las dos personas que organizaron el peregrinaje de su grupo a ver al papa fueron detenidos en China. “Me da vergüenza ondear la bandera nacional” de China, afirmó. “Pero tengo que alzarla y hacerle saber al Papa lo difícil que es para nosotros”, explicó.

Durante la mañana de la víspera, Francisco se reunió con representantes de otras religiones de Mongolia en el Teatro Hun, que tiene la estructura de una tradicional yurta. En el encuentro participaron líderes cristianos y representantes del budismo, chamanismo, islam, judaísmo, hinduismo, la iglesia ortodoxa rusa, los mormones y bahaí. “Las tradiciones religiosas, con toda su distinción y diversidad, tienen un potencial impresionante de beneficiar a la sociedad”, declaró el pontífice.

Natsagdorj Damdinsuren, que dirige un monasterio budista de Mongolia, dijo que la visita de Francisco “demuestra la solidaridad de la humanidad”.

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