Opinión

País esquizofrénico o kachiãi

Mientras las autoridades muestren actitudes contradictorias e incoherentes, como país nos costará que nos tomen en serio.

Por Oscar Ayala Bogarín - oayala@uhora.com.py |

Apenas me disponía a escribir esta columna semanal, una colega, en un tono entre implorante e imperativo, me instó a escribir "algo lindo". Aunque tengo por norma pensar en positivo y tenía definido el tema, su exhortación me obligó a hacer un repaso de los hechos de la semana para encontrar algo alentador que destacar.

Entre las publicaciones encontré varios hechos positivos, lo que desmiente que los periódicos -o por lo menos este- solo viven de las malas noticias, de las tragedias, de la carroña y de las miserias humanas.

En ese repaso de lo acontecido a lo largo de la semana, lo que más me llamó la atención es una patología recurrente de nuestros políticos que, más que preocupación o indignación, me causó gracia. No hay nada mejor que reírnos de nuestras desgracias. Por supuesto, sin renunciar a intentar modificar la realidad.

El peso específico de nuestra clase política de nuevo se impuso en esta columna y por ello mi colega tendrá que aguardar para que escriba algo lindo.

La patología de la que hablaba, que evidencian nuestros políticos, es la esquizofrenia. Mientras nuestras autoridades expresen y muestren actitudes contradictorias, incoherencias, alteraciones afectivas y conductuales, y hasta reacciones delirantes, como país nos costará que nos tomen en serio.

Una muestra de nuestro desequilibrio es la actitud del Gobierno respecto a Colombia. Mientras una dependencia estratégica, como el Ministerio del Interior, solicita con urgencia el concurso de expertos colombianos para enfrentar la crisis del secuestro de Fidel Zavala, poco después del desenlace, otra secretaría estratégica (Ministerio de Defensa) prácticamente los recrimina y los insulta por haber colaborado. ¿En qué quedamos?

Esta discrepancia es el resultado de la falta de liderazgo, de la indefinición, de la descoordinación y de la irresponsabilidad. ¿Quién gobierna? ¿Quién marca el rumbo? ¿Hay rumbo?

Busquemos el lado positivo en todo esto. Por ahora es mejor que nos vean así. Después de todo, pese a que la esquizofrenia es una condición crónica, puede ser tratada con fármacos y terapias.

Peor sería que nos cataloguen y etiqueten definitivamente como un país kachiãi (el castizo: informal, no define a cabalidad nuestra condición nacional).

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