Revista Pausa

Pablito Lescano: "En Paraguay, yo soy Gardel"

Cuando viene a Paraguay, él dice que juega de local. Es Pablito Lescano, el señor de la cumbia villera. Conversamos con él sobre sus casi 20 años tocando con Damas Gratis, traspasando clases sociales y géneros musicales.

A las 17.13 tuiteó que estaba despegando, que en una hora aproximadamente estaría en Asunción. En el Centro Cultural La Chispa, había gente que ya lo esperaba. Unas horas antes, a través de una campaña por las redes sociales, #PablitoLescanoEnLaChispa, sus fans lograron que confirme presencia en el sitio.

La noche iba entrando y todavía no teníamos nuevas noticias de él. La cuadra de La Chispa se colmaba y las expectativas crecían. Oficinistas, estudiantes, madres con sus niños, toda una diversidad de personas esperando al representante de la cumbia, Pablito Lescano, líder de Damas Gratis. Una fan incluso portaba un cartel con la particular frase del músico: ATR perro cumbia, cajeteala piola gato.

No es la primera vez que viene al Paraguay. Sus visitas se remontan al año 2000, cuando tocó en el balneario Veracruz. En esta ocasión, Pablito y su banda formaron parte de uno los festivales más grandes que tiene actualmente la ciudad, el Asunciónico, donde compartieron escenario con otras grandes agrupaciones y solistas como Arctic Monkeys, Jorge Drexler, The 1975, entre otros.

Pablito Lescano
Pablito encendió al público presente en el centro cultural La Chispa.<br>
Pablito encendió al público presente en el centro cultural La Chispa.

Sebastián, dueño y encargado de La Chispa, informó en el micrófono que ya estaban viniendo para acá. La emoción empezó a subir y se ambientaba la espera con una buena dosis de cumbia colombiana. Pablito empezó a transmitir en vivo su recorrido por Asunción, por lo que algunos seguían sus pasos en tiempo real.

Nosotros, desde Pausa, también estábamos ex­pectantes, porque aún no sabíamos cómo ni dónde le haríamos la entrevista, hasta que su productor nos llamó a confirmar que podíamos conversar con él, después de su pasada por el centro cultural.

“¡Mirá, ya está sobre Hernandarias! ¡Está llegan­do!”, gritaron algunos seguidores, mientras el tráfico de hora pico ralentizaba su arribada. A las 18.34 estacionó el auto donde se encon­traba. Desde ahí, ya se observaba la emoción en su rostro por la inmensidad de su público. Apenas se bajó, una multitud se acercó para conseguir alguna selfie. Él, tranquilo, con su característico kepi y sus lentes de sol. Los presentes lo recibieron con un fervoroso: “¡Olé, olé, olé, olé, Pablo, Pablo!”.

Después de varias fotos aquí y allá, lo con­vencieron para cantar. Al principio no quería, porque él no toca sin su banda. Pero como se encontraba el guitarrista de Café Caliente, a quienes pertenece el tema ¿Soy paraguayo y qué?, que también es interpretado por Damas Gratis, él se ofreció a acompañarlo y Pablito se animó. Finalmente, terminó coreando otros dos temas, que el público festejó con algarabía.

Debía seguir su camino, para prepararse y des­cansar un rato antes de su gran presentación. No sin antes sacarse más fotos con sus fans. Una vez que se subió, ya emprendieron marcha y más de 1.000 per­sonas quedaron atrás. Nosotros fuimos detrás de él, para encontrarnos en su hotel y realizar la exclusiva.

El mejor trabajo del mundo

Pablito tiene un hotel de preferencia y no necesaria­mente es un lujoso parador ubicado en el centro o Carmelitas: él decide quedarse cerca de la Terminal, donde ya conoce a quienes trabajan ahí, la zona y los vecinos.

Allí también había fans esperándolo. Una familia vino desde el Chaco solo para pedirle una foto y, una vez que la obtuvieron, se retiraron felices. Cumplió con todos ellos y nos tomamos unos minutos para hablar sobre su carrera hoy, luego de casi 20 años de tocar con Damas Gratis.

Pablo Lescano

Pablito es sencillo, un tipo que batalló desde abajo, y por eso no se olvida de sus raíces. Sabe de dónde viene y para dónde va, impulsado siempre por las ganas de seguir haciendo música. “Mirá, yo te diría que un 50% de mi vida y hasta un poco más, eh, es la música. Más de la mitad de mi vida ya tocando cumbia, y es mi trabajo, pero a la vez no podría vivir sin él, no podría vivir sin trabajar”, me dice, dándole énfasis a que es el mejor trabajo del mundo, que no podría haber otro mejor, a su parecer.

Desde que tiene memoria, conoce y disfruta la cumbia. La escuchaba mucho en la casa de sus tíos, por lo que creció descubriéndola. Así también, tuvo otra fuerte influencia por parte de su abuelo pater­no, don Valentín Pablo Lescano, quien escuchaba chamamé, además de una radio paraguaya que pasaba polcas en Buenos Aires.

“Su rutina de todos los días era despertarse a las 5.30 de la mañana, afeitarse y poner la radio esa. Ahí escuchaba puro guaraní. Es decir, estoy bastan­te aggiornado con el guaraní, por medio de mi abuelo paterno”, relata.

Pero recién a sus 12 años descubrió una cone­xión especial no solo con la cumbia, sino también con el teclado, que hoy es como una extensión de su cuerpo. Su fiel compañero de toques: su clásica Midi Controller ax-1 pintada para simular un fusil.

“Tenía un vecino, cuando era chico, que se llama Tony, Antonio García. Su madre es Marta, enfer­mera, y su padre Antonio, el gallego, peluquero del barrio. Se compraron un piano y un acordeón, y yo estaba ahí el día que bajaron el piano y lo armaron. Probé, así como cualquier persona, y me di cuenta de que tenía facilidad para sacar canciones”.

A partir de ahí, le metió con todo. Tocando pri­mero en grupos de barrio, para luego pasar a formar parte de Amar Azul, icónica banda tropical de Argentina. Después, fue conformando sus propias agrupaciones como Flor de Piedra, Los Gedes, Amar y Yo, Jimmy y su Combo Negro, hasta llegar a la gran Damas Gratis.

De Veracruz al Asunciónico

Damas Gratis se caracterizó desde sus inicios por ir abriendo caminos, expresa Pablo, quien es conocido por ser el principal impulsor de la cumbia villera. Además, su banda destaca por ser la primera de ese género en tocar con rockeros y para rockeros. Fenó­menos que los vivió batallando y metiéndole cumbia.

“El día que toco en el boliche más culí de Buenos Aires, también toco en ruta 13 en una cena show para 100 personas”, contrasta, asegurando que no se olvida de sus raíces y que su público fue cam­biando y masificándose también con el tiempo, a través de la perseverancia, del trabajo de componer y grabar canciones, como también de juntarse con otros artistas como Andrés Calamaro y Los Fabulo­sos Cadillacs.

Pablito Lescano en La Chispa
En su breve paso por nuestro país, Pablito Lescano ofreció un breve concierto en La Chispa.<br>
En su breve paso por nuestro país, Pablito Lescano ofreció un breve concierto en La Chispa.

“Si hablamos de Paraguay, así como toqué con Kchiporros, también toqué con Café Caliente, que es un grupo mucho más chico”, cuenta, rememorando el momento en el que escuchó el tema ¿Soy paraguayo y qué?. “Esto es pueblo, esto retrata el pueblo, esto hay que cantar”. Añade que justamente el encuentro que vivió en La Chispa también tenía mucho de pueblo, así medio desordenado, sin poder contener, ya que es más fuerte que él. Pero Pablito fue a hacer lo que tenía que hacer: compartir con su gente.

Él se siente orgulloso de estar hoy con grandes bandas y representar a la cumbia en un imponente escenario. “Para el que quiera bailar, acá estamos nosotros”, dice, “son bienvenidos todos”. “Me siento digno, porque sé que soy un tecladista. Canto así medio perro, pero ladro lindo, eh, porque a la gente le llega el mensaje, le llega la energía. Yo subo al es­cenario y toco el teclado y, tratratrá, mando cumbia”.

Se emociona y se pone sentimental al hablar de nuestro país y pensar en todas las ocasiones en que ya vino y tocó en Checho’s, Face’s, Bora Bora, Eupho­ria, Colegiales, etcétera, lugares a los que quiere volver, porque ellos son eso.

“Lo único que te puedo decir es que yo estoy feliz por lo que está pasando, ¿entendés? Yo vengo de allá, soy kurepi, soy de Buenos Aires y en Paraguay es difícil que quieran a un kurepa. Acá yo soy Gardel, más que Gardel, yo soy Pablito Lescano”, manifiesta entre risas.

Acá, Pablito tiene muchos amigos y siente que juega de local, por lo que ya adelantó que el 13 y 14 de julio estará de vuelta.

“Cuando voy a Madrid, toco en el Gran Caimán de allá, ¿qué gente te pensás que hay ahí? ¿De qué nacionalidad son? Son paraguayos y qué”, afirma, agregando que el fin de semana pasado nada más tocó en un boliche en Argentina donde el público es mayormente de la comunidad nacional.

Como lo ves

Como toda persona, Lescano también se cansa entre tanto ajetreo. Nosotros lo agarramos antes de que pudiera ducharse o descansar. Pero cuando está en el escenario, se olvida, porque la gente le transmite toda su energía.

“Cuando toco una tecla, hago un acorde y la gente… explota”, relata, recordando cómo se llena de adrenalina en esos momentos y cuánto valora el cariño de su público.

Y todo ese afecto lo construyó en años de cantar sobre realidades de la villa, que son visibles, pero muchos deciden mirar para otro costado. “Cuando hago las canciones, hablo como lo hago todos los días. O retrato una realidad que vivo todos los días”.

“También por ahí hay canciones que no dicen nada, que son solamente para bailar, para divertirse y pasar un momento lindo. Llega el fin de semana, sábado ponés musiquita, una birra, un asado con ami­gos, vivir la vida, sin tanto moralismo, ¿no? Sin tanto hacernos los reyes de la moralidad”, reflexiona, es por eso que no anda a la defensiva, se presenta tal cual es y solo se mueve por lugares en donde lo quieren.

Con el tiempo, fueron tocando cada vez mejor y sus letras evolucionaron a la par. Hay hijos que crecieron escuchando Damas Gratis, a través de sus padres, por lo que varias generaciones comparten el gusto por el grupo. “No es lo mismo el pensamiento de un pibe de 18 años que el de uno de 41, entonces ahí está el clic”, añade.

La culminación de todo el proceso de hacer mú­sica es subirse al escenario y tocar. El futuro seguirá siendo de mucha cumbia, cosechando amigos, conocidos y algún que otro enemigo, según Pablo. Aunque asegura que igual no le llegan los comenta­rios y que ellos están felices.

“Cuando tengamos un tiempo libre, estaré en mi casa con mi familia, y si no, en el estudio tratando de grabar y sacar cosas nuevas para seguir en donde estamos”, finaliza.

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