Correo Semanal

Octavio Paz: Libertad bajo palabra

El 31 de marzo se cumplen 100 años del nacimiento del más relevante poeta mexicano del siglo XX. En esta ocasión, el Correo Semanal rinde homenaje a la pluma de un artista clave, cuyas obras son emblemáticas para las letras latinoamericanas.

 

Por Miguel Ángel  Fernández

Poeta y crítico

mafdial@gmail.com

 

Subes desde lo más hondo de mí, / desde el centro innombrable de mi ser": Leí estos dos versos en el poema inicial del libro Libertad bajo palabra, de Octavio Paz, en su primera edición (1949). Para los jóvenes poetas de mi generación, estas palabras, que definen gran parte de la obra poética del autor mexicano, resultaron emblemáticas. Todavía hoy sustentan un concepto de creación verbal que se prolonga y encarna en múltiples líneas estilísticas.

Octavio Paz inició su trayectoria poética a mediados de la década de los treinta, en un momento clave de la poesía de lengua castellana. Por entonces, las voces de ruptura daban paso a experiencias que intentaban conciliar los recursos de la poesía vanguardista y las formas tradicionales. Miguel Hernández es, en España, ejemplo notorio de esa tendencia, mientras en Hispanoamérica se hacían visibles la escritura de Octavio Paz y de poetas afines, como el argentino Vicente Barbieri y el paraguayo Augusto Roa Bastos.

Cuando Paz publica la primera edición de Libertad bajo palabra, su poesía se encuentra en el cenit de esa tendencia posvanguardista y de su propia trayectoria. Unos años más tarde, publicará un extenso poema, Piedra de sol (1957) –recogido enseguida en su libro La estación violenta (1958)–, donde confluyen las calidades excepcionales de su experiencia creadora y las del posvanguardismo. Se trata de un texto circular que consta –conforme al número de días del calendario azteca– de quinientos ochenta y cuatro versos endecasílabos, cuya andadura formal mantiene en vilo su entidad semántica. Con pleno dominio de su capacidad expresiva, Paz da lugar en él a los grandes motivos de la poesía universal: el amor, la crítica social y la condición solidaria de los hombres.

Hay que mencionar también los textos en prosa poética de ¿Águila o sol? (1951) –un volumen independiente que se publica poco después de Libertad bajo palabra–, donde, en forma narrativa, se instaura una especie poética de rasgos surreales y de notable expresividad en su lenguaje de imágenes. Posteriormente, Paz lo incluyó en la edición aumentada de dicho libro y más tarde en su Obra poética (1990).

Libertad expresiva y densidad semántica

Un conjunto de poemas, como el de Libertad bajo palabra, que en su edición de 1960 tenía ya más de 300 páginas, hubiera bastado para dar al autor un lugar estelar en la poesía castellana del siglo XX. Pero, más allá de ese libro capital, la escritura de Paz siguió explorando territorios poéticos de gran libertad expresiva y densidad semántica. En títulos posteriores, como Salamandra y Ladera Este, por no citar más títulos, la dimensión surreal –que ya se daba en etapas anteriores– cobra fuerza y hace vértice con recursos recuperados de tendencias vanguardistas como el cubismo y el creacionismo.

Un momento importante y singular de estas exploraciones está dado por un libro de especiales características, Blanco (1966), cuya edición original permite el despliegue de sus páginas de manera tal que se dé una lectura continua y que solo se interrumpa al cerrarse el libro. Sus páginas están compuestas en columnas y tipografía variadas, donde alternan letras de estilos diversos, en negro y rojo, suscitando aprehensiones textuales de especial complejidad semiótica.

Paralelamente a la experiencia poética de Paz, que se extendió a lo largo de su vida, también desarrolló una escritura ensayística del más alto nivel, con estilo y densidad propios, sobre todo en temas relativos a la creación literaria. Particular importancia tuvieron sus enfoques teóricos en El arco y la lira (1956) –obra fundamental para comprender la poesía de nuestro tiempo– prolongados en otros dos títulos, Los hijos del limo (1974) y La otra voz (1990). En este sentido, sin duda ha sido uno de los poetas que con más profundidad y agudeza han reflexionado sobre el hecho poético.

A cien años del nacimiento de este poeta hispanoamericano y universal, y a 57 de la publicación de Piedra de sol, seguimos encontrando en sus versos una intensidad y plenitud entrañables:

 

Amar es combatir, si dos se besan el mundo cambia, encarnan los deseos,

el pensamiento encarna, brotan alas

en las espaldas del esclavo, el mundo

es real y tangible, el vino es vino,

el pan vuelve a saber, el agua es agua,

amar es combatir, es abrir puertas,

dejar de ser fantasma con un número

a perpetua cadena condenado

por un amo sin rostro;

el mundo cambia

si dos se miran y se reconocen [...]

 

 

 

* Paz y el ensayo americano

 

 

Por Sergio Cáceres Mercado

Investigador

caceres.sergio@gmail.com

 

Un paseo por la poesía de Octavio Paz es suficiente para saber que se está ante un consumado en el género. Nadie puede negar que en los versos llegó a la cota más alta de su talento. Pero acá no queremos dejar pasar su centenario sin mencionar su lado ensayístico, aquel que nos llenó de obras que resuman erudición y un estilo cuidadoso en la prosa.

Octavio Paz nos recuerda a toda una generación de escritores latinoamericanos que hacían del ensayo el campo de sus expresiones políticas y estéticas. Pero hablar del ensayo y los ensayistas es también hablar de las revistas que los núcleos culturales lanzaban con la misma necesidad que la de un pirata necesita de un buque para navegar.

El siglo XX latinoamericano, antes de que termine en 1989 (siguiendo a Hobsbawn), conoció centenares de estas revistas donde hacían gala de su pluma escritores como José Luis Borges, Pedro Enríquez Ureña, Alfonso Reyes, Hugo Rodríguez Alcalá, Pedro Cabrera Infante, Ernesto Sabato y otros paradigmáticos autores. Recordamos ese periodo de tiempo, porque el fin de la Guerra Fría, la globalización de los medios de comunicación reforzados por su digitalización fueron elementos que acogotaron esos espacios impresos que se aguardaban con expectación en distintos rincones de América y España.

A cien años de Octavio Paz no podemos evitar sentir una nostalgia por aquellos debates donde el saber enciclopédico era como el oropel obligado en los escudos de los grandes guerreros, pues lo que realmente daba fortaleza a sus armas era el estudio profundo de un tema y su posterior defensa por medio de una fina argumentación y un estilo que hacía inclinar la cabeza a cualquier adversario preparado.

 

Género medular

Uno no puede menos que maravillarse al leer los trabajos de esa época, pues al tenerse en cuenta el tiempo que significaría redactar un ensayo de esos y las condiciones materiales para su elaboración se los dimensiona con justicia. Eran escritos destilados gota a gota, sostenidos por una investigación bajo el candil y con nemotécnicas que ahora son superadas por cualquier soporte miniaturizado por la tecnología del microchip.

No decimos que el ensayo americano ha muerto, pero sí que se ha transformado. Tampoco cometeremos el juicio conservador de anular lo que existe solo por querer recuperar lo ya cambiado. Solo queremos homenajear a aquellos representantes de un género que fue medular para la circulación del pensamiento latinoamericano.

Octavio Paz fue un representante excelso de este grupo, pues escribió más ensayos que poemarios. Su experiencia como diplomático le daba una visión que otros no tenían, y que le permitía escribir sobre política internacional demostrando gran afán de información y conocimiento de causa. Por supuesto que sus posiciones políticas y sus enjuiciamientos fueron y pueden ser muy discutidos. Pero en eso consiste el quid del género ensayístico que extrañamos.

En Paraguay las revistas existieron también, así como algunos que intentaron el ensayo, aunque lo nuestro fue siempre más el artículo periodístico, de corto aliento y sin vuelo literario. Cuando perdimos a Helio Vera también se nos fue uno de los pocos representantes del ensayo en nuestro país. La pobreza en este género es tal por nuestras tierras, que casi nada podemos encontrar editado y mucho menos concursos que lo promuevan. Al menos, hay unos intentos de revistas literarias que en el esfuerzo de impresión quieren mantener viva una tradición. Veremos cómo les va la vida y quiénes se atreven a llegar sus páginas.

 

 

Disparo

                                                                                    A Lasse Söderberg

 

Salta la palabra

adelante del pensamiento

adelante del sonido

la palabra salta como un caballo

adelante del viento

como un novillo de azufre

adelante de la noche

se pierde por las calles de mi cráneo

en todas partes las huellas de la fiera

en la cara del árbol el tatuaje escarlata

en la frente del torreón el tatuaje de hielo

en el sexo de la iglesia el tatuaje eléctrico

sus uñas en tu cuello

sus patas en tu vientre

la señal violeta

el tornasol que gira hasta el blanco

hasta el grito hasta el basta

el girasol que gira como un ay desollado

la firma del sin nombre a lo largo de tu piel

en todas partes el grito que ciega

la oleada negra que cubre el pensamiento

la campana furiosa que tañe en mi frente

la campana de sangre en mi pecho

la imagen que ríe en lo alto de la torre

la palabra que revienta las palabras

la imagen que incendia todos los puentes

la desaparecida en mitad del abrazo

la vagabunda que asesina a los niños

la idiota la mentirosa la incestuosa

la corza perseguida

la mendiga profética

la muchacha que en mitad de la vida

me despierta y me dice acuérdate.

 

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