Mientras rodaba la pelota y nos enamorábamos de James y nos compadecíamos del arquero brasileño que se tragó 7 goles en un partido, la realidad parecía suspendida. Pero ahora ya se terminó, y solo nos queda seguir soñando con la cuarta para Olimpia.
Como todos nosotros, nuestro Presidente también estuvo mirando el Mundial; y ahora esperamos que él también se enfoque y vuelva a la realidad.
Hay un par de temas de importancia que aguardan ser resueltos, por él.
Comencemos: Un gran pedazo del país está bajo agua.
En estos días, miles y miles de paraguayos se ven obligados a vivir en paupérrimos refugios. Y mientras esto sucede, los políticos –gente miserable si la hay– aprovechan para hacer campaña y ayudar solo a sus correligionarios.
Hay reportes que hablan de que seis niños ya murieron en los campamentos.
Según Plan Paraguay, los niños son los más afectados. Ellos viven en la precariedad, no acceden a buena nutrición y salud. Hasta el momento, se reportan seis chicos fallecidos en los campamentos instalados en la capital, la mayoría de ellos precarios.
Dice esta organización que la vulnerabilidad que sufren los niños no se reduce a la muerte, sino que se expande a la dificultad que tienen de acceder a la nutrición, la seguridad alimentaria, el abandono escolar, la exposición al peligro, la vulnerabilidad en el ámbito de la salud y la violencia que se agrava en tiempos de emergencia.
Pero los niños no son los únicos que sufren. Miles de personas de distintos pueblos indígenas sufren otro éxodo desde sus comunidades inundadas hacia Asunción y capitales regionales en busca de alimentos y asistencia sanitaria porque la ayuda gubernamental no les llega.
Sus cultivos, sus animales, las zonas donde cazaban, todo está bajo el agua desde hace dos meses.
De hecho, para salir de su comunidad tienen que hacerlo a pie y tardan dos días, andando por un camino de barro y lodo rojizo plagado de serpientes, relataba en un reportaje Cristino Aguirre, nativo de la etnia angaité, que llegó a la capital para pedir socorro.
“Donde estamos nadie nos ve, nadie nos escucha”, explicaba.
Ahora vayamos al grupete ese que no le iba a marcar la agenda a Cartes. Ya van 104 días y Arlan Fick sigue secuestrado.
El adolescente en manos del EPP ya batió un récord. Un vergonzoso récord que habla más que nada de la inutilidad de los organismos de seguridad del Estado. ¿No era que Lugo no combatió al EPP porque eran sus amigos?
Y por cierto y ya que estamos, por si no lee la prensa le cuento al Presidente que no pasa un día sin que a alguna persona la asalten para robarle la cartera o el teléfono celular.
Es hora de que Cartes se entere, el trabajo se acumula y el país espera respuestas.