Editorial

No seguir haciendo cambios por crisis y sin criterios de gestión

Los últimos cambios que realizó el presidente Mario Abdo Benítez en su gabinete fueron forzados por las crisis en varias áreas y no responden a una línea estratégica, ni se basaron en el rendimiento por obras y proyectos, o en el nivel de ejecución presupuestaria. El mandatario no cumplió con la promesa de replantear su trabajo ejecutivo el 15 de agosto y hasta ahora solo cambió a tres ministros, y nombró al resistido y cuestionado nuevo titular de Agricultura y Ganadería. Esta actitud de aplicar parches de emergencia genera un debilitamiento de las instituciones y de los procesos democráticos. Es tiempo de analizar mejor lo realizado y hacer correcciones con base en un programa de Gobierno.

Al cumplirse un año de gobierno del presidente Mario Abdo Benítez el pasado 15 de agosto, la ciudadanía esperaba cambios importantes que corrijan los errores de gestión y rectifiquen el rumbo para el periodo que aún falta, pero eso no ha sucedido. El mandatario procedió hasta ahora a aceptar la renuncia y cambiar a tres ministros (el de Relaciones Exteriores, Luis Alberto Castiglioni; el de Justicia, Julio Javier Ríos, y el de Agricultura, Denis Lichi), pero los relevos no respondieron a una línea estratégica, no fueron con base en una evaluación de sus respectivos trabajos, teniendo en cuenta el rendimiento por obras y proyectos, o en el nivel de ejecución presupuestaria, sino que respondieron a la presión mediática y ciudadana ante situaciones de crisis y de Honor Colorado.

En el caso del canciller Castiglioni, el cambio se dio a finales de julio, en medio de la crisis política desatada tras la revelación de que se había firmado en secreto con el Brasil un acta de comercialización de energía de Itaipú en condiciones desfavorables para el Paraguay, cuyas consecuencias estuvieron a punto de desencadenar un juicio político para destituir al presidente y al vicepresidente. Junto al canciller también fueron removidos el embajador paraguayo en Brasil, Hugo Saguier Caballero, el director paraguayo de Itaipú, Alberto Alderete, y varios otros funcionarios.

La remoción del ministro de Justicia se dio recientemente como respuesta a la crisis tras el sangriento ataque de un grupo comando mafioso a un convoy penitenciario en que se liberó al capo narcotraficante Jorge Samudio, alias Samura, situación que también costó el cargo al comandante de la Policía Nacional, comisario Walter Vázquez. Lo llamativo fue que el reclamo generalizado de la ciudadanía apuntaba a la remoción del ministro del Interior, Juan Ernesto Villamayor, a quien se considera como el principal responsable de no poder parar la creciente ola de violencia, robos y asaltos callejeros, pero en medio de la conmoción el presidente procedió también a cambiar al ministro de Agricultura y Ganadería, Denis Lichi, en un área que no tenía ninguna relación directa con la situación más cuestionada.

Evidentemente el cambio fue en respuesta a otra crisis, en que el presidente intentaba dar señales a los reclamos del movimiento interno Honor Colorado, liderado por el ex presidente Horacio Cartes, quien lo salvó del juicio político. Buscando alejar al dirigente de Colorado Añetete Rodolfo Friedmann, de la banca en el senado demandada por HC, lo nombró como nuevo ministro de Agricultura y Ganadería. Sin embargo, ante la casi nula experiencia y capacidad de Friedmann en el sector, el nombramiento produjo el rechazo de la mayoría de los gremios productivos y de gran parte de la ciudadanía. Una vez más, el jefe de Estado privilegiaba intereses sectarios de su grupo político por encima de los intereses del país.

El mandatario no cumplió con la promesa de replantear su trabajo ejecutivo el 15 de agosto y hasta ahora los cambios realizados fueron improvisados y de poner parches de emergencia, generando un debilitamiento de las instituciones y de los procesos democráticos. Es tiempo de analizar mejor lo realizado y hacer correcciones con base en un programa de Gobierno.

Dejá tu comentario