Editorial

No olvidar el compromiso de construir una mejor sociedad

La Semana Santa es un alto en el camino para reflexionar acerca de lo personal y lo colectivo. En cuanto a lo primero, atañe a cada persona desde su propia circunstancia; en cuanto a lo otro, esa sí es una tarea común a todos los ciudadanos que desean vivir en una sociedad más equitativa y solidaria. En el Paraguay todavía falta mucho trecho por recorrer para que el mínimo nivel de bienestar –que implica satisfacción de las necesidades básicas–, alcance a todos. Es una deuda pendiente que la clase política y dirigente tiene que buscar cómo saldar. Para que ello ocurra, toda la sociedad tiene que exigirles que lo hagan cuanto antes.

Estos días de Semana Santa, en todos los niveles, se hace una pausa en el camino andado y es, por lo mismo, un momento adecuado para que cada uno reflexione acerca del rol que desempeña en su entorno, en su comunidad y en su país. Ninguna persona puede eludir su responsabilidad en la construcción de relaciones maduras y sostenibles. Esto, sin embargo, atañe al fuero íntimo, a la conciencia personal. Corresponde, por lo tanto, abordarlo desde esa perspectiva.

En lo que atañe a la obligación de ser ciudadanos que participan de la construcción del bien común, desde el lugar ocupado en la sociedad, esa es una tarea ineludible ya que del grado de eficacia del compromiso personal que se proyecte a lo colectivo dependerá, en última instancia, la salud general de la Nación en el afán de superar los grandes obstáculos que conducen a una vida digna y a un desarrollo con contenido de justicia social.

Nuestro país, a esta altura de su historia, dista mucho de ser un espacio de convivencia en el que se manifiesten la equidad. La brecha entre los desheredados y los que han alcanzado condiciones de vida acordes con los parámetros de los disfrutes del bienestar es muy grande. Eso es particularmente visible en estos días en que las inundaciones vuelven a desnudar una de las aristas más dolorosas de la realidad social.

Las áreas de la educación y la salud para la gran mayoría, esa que acude a los servicios públicos, siguen siendo territorios donde se expresa con toda su fuerza la insensibilidad de los políticos que se han garantizado a sí mismos –desde sus posiciones de poder– la parte del león mientras el resto sufre el impacto de la carencia de servicios de calidad que permitan el acceso a una vida digna.

En la Administración de Justicia hay otro gran talón de Aquiles. Se ha creado un estamento judicial de funcionarios más interesados en aumentar sus ingresos, además de los recibidos del erario público, antes que ser una instancia en donde se dirimen con criterios justos las diferencias entre las personas o se castiguen las transgresiones a las leyes de la República.

Las autoridades, por lo general, han olvidado que ejercer el poder es servir a la sociedad. Por eso su indolencia ante los problemas que se les plantean; por eso su indiferencia para tomar iniciativas a favor de la mayoría.

El listado puede continuar largamente. Sean, sin embargo suficientes, a modo de reflexión, los aspectos señalados para insistir en la necesidad de asumir un compromiso con la sociedad en la búsqueda de una mayor calidad de vida para todos.

Dejar el presente y el futuro únicamente en manos de los políticos que padecemos a diario sería un acto de irresponsabilidad muy grande. Por ello, es necesario que, desde el sitio concreto en el que cada cual se encuentre, se asuma un compromiso para controlarlos y ponerles límites. De lo contrario, el mañana puede ser un camino al Gólgota.

Dejá tu comentario