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No hay reactivación económica sin lograr mejoras en el empleo

El ingreso laboral es la principal fuente de bienestar de las familias. Durante el segundo trimestre del año 2019 se registró el mayor porcentaje de desocupación y subocupación de los últimos años, agravando la situación que ya de por sí enfrenta la población económicamente activa (PEA). La falta de empleo, las ocupaciones informales y precarias y los bajos ingresos constituyen los principales indicadores de la grave problemática que afecta a las familias paraguayas. La reactivación económica debe significar el retorno a los niveles anteriores y mejoras sustanciales. Sin avances en el empleo no se podrá hablar de buen desempeño económico.

En el segundo semestre de este año se verificaron las peores condiciones de empleo de los últimos años. Tanto el desempleo como la subocupación treparon al 7,4%, con lo cual, sumando ambos grupos, alrededor del 14,8% de la PEA no tiene trabajo o trabaja menos horas de las que tiene disponible. A este indicador se agrega la caída de los ingresos, ubicando las remuneraciones promedio de este mismo periodo entre las más bajas de los últimos años.

Si a estas características, que de por sí ya son malas, se agregan los altos niveles de informalidad que afectan a alrededor del 60% de la población ocupada, resulta que la mayor parte de los trabajadores se encuentran en una situación realmente grave. A pesar de que quieren trabajar y sostener su familia, unos no encuentran trabajo, otros trabajan menos tiempo del que quisieran y la mayor parte lo hacen en condiciones de precariedad.

Así, el trabajo en Paraguay no necesariamente permite tener una vida digna en el presente y menos aún en la vejez, ya que la mayoría de los trabajadores no logran incorporarse a la seguridad social y menos todavía ahorrar una cantidad suficiente de manera a no tener que depender de alguien más en el momento de dejar de trabajar.

Esta terrible situación se convierte a nivel macroeconómico en un obstáculo estructural para la lucha contra la pobreza y la desigualdad, además de que estamos desperdiciando el bono demográfico teniendo en cuenta que la juventud está particularmente afectada por estos problemas. Todos los indicadores citados empeoran entre los 18 y 29 años.

La coyuntura no es responsabilidad exclusiva de este gobierno. Durante el anterior ya se veían signos claros de agotamiento. El PIB creció a promedios cercanos al 4%, los niveles de ingreso se estancaron, así como la reducción de la pobreza. A pesar de estas señales, la política económica verificó pocos cambios, por lo que actualmente no habría que esperar un resultado diferente.

Es imposible construir el desarrollo en un país con estas condiciones laborales. Hoy estamos creando las condiciones de pobreza para los próximos años. Mientras las autoridades no tomen conciencia y no implementen políticas que transformen estructuralmente el modelo económico y el mercado laboral, están condenando a una pésima calidad de vida a la mayoría de la población.

La recuperación económica debe tener como principales indicadores los de empleo. De nada servirá el crecimiento si estas condiciones se mantienen, por lo cual el seguimiento a la coyuntura no debe concentrarse exclusivamente en el PIB. La reducción del desempleo, la informalidad y la subocupación deben estar en el centro del esfuerzo. Un plan de reactivación económica que eleve el PIB, pero que no contribuya con el mayor acceso al mercado y en mejores condiciones de ingresos como de prestaciones sociales, no es un buen plan.

Es necesario monitorear con particular atención lo que está pasando con los jóvenes, con las mujeres, el sector rural y la población trabajadora en situación de pobreza. Mientras la mayoría de la población no se beneficie con la recuperación económica, no habrá nada que festejar.

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