Opinión

No es tan así, Menchi

Menchi Barriocanal ha tenido que recurrir a un video familiar para enfrentar la feroz campaña de ataques en las redes sociales desatada por su supuesta postura a favor de la despenalización del aborto.

La furia no parece espontánea, pues apuntan a su figura y a un tema sobre el que ella solo propuso que se pusiera en debate. Si Menchi Barriocanal decidió responder es porque el aluvión de insultos fue importante.

He leído por allí que si alguien expresa su opinión en los medios tiene que acostumbrarse a escuchar críticas. Esta es una puerilidad que no merece contestación. Y Menchi lo sabe, pues siempre dijo lo que pensaba, incluso en momentos en que eso era riesgoso. Aquella rubia que cantaba canciones prohibidas en la década de los ochenta era vilipendiada por la prensa stronista. La que luego fue joven periodista nunca temió publicar casos de corrupción que involucraban a políticos y militares poderosos. Que, por supuesto, hicieron lo imposible por acallar sus programas. La impunidad, los abusos de poder, el autoritarismo y la situación de discriminación de este Paraguay fueron temas en los que dejó sentada su convicción. Y recibió respuestas agresivas e infamantes. ¿Acaso puede olvidarse que hace unos meses, luego de la debacle del intento de reelección, el presidente Cartes decía que ella y Óscar Acosta debían estar en la cárcel?

No se trata, pues, de la falta de costumbre a tener que pagar un precio por las posiciones personales. Lo que sorprende es que los agravios más soeces y las injurias con más mentiras provengan de los radicales de la fe y la devoción.

Los gallardos provida de la hipocresía teclean su odio, revestido de amor cristiano. Todos a un tiempo, como si fuera la eclosión natural de un sentimiento y no una campaña planificada. Como si fuera una casualidad que a todos se les ocurriera que una proabortista no puede estar en Teletón. O que, luego de la difusión de su video, escribieran: “Pero no aclarás si estás o no a favor del infanticidio”.

Esta obsesión por un tema que no figura en ninguna agenda parlamentaria y sobre el que Menchi ni siquiera profundizó, es muy artificial. Deberíamos estar hablando de la impunidad. Aunque no son cosas distintas. Se atribuye a Saramago esta frase: “Los fascistas del futuro no van a tener aquel gesto de duro militar. Van a ser hombres hablando de todo aquello que la mayoría quiere oír. Sobre bondad, familia, buenas costumbres, religión y ética. En esa hora va a surgir el nuevo demonio, y pocos van a percibir que la historia se está repitiendo”.

Menchi se siente herida, quizás cree que la gente dejó de quererla. No debería preocuparse. A lo largo de su carrera ha acumulado demasiado cariño y respeto popular como para que la furia de estos fanáticos la afecte.

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