Opinión

No basta con la honestidad

Mario Rubén Álvarez alva@uhora.com.py

Como hubo tantos intendentes mondaha de novela, uno de los caballitos de batalla de algunos candidatos es que no van a robar una sola moneda durante su administración. Prometen ser honestos a rajatabla. Puede que algunos hasta piensen con sinceridad que no van a llevar a su casa las recaudaciones municipales.

No se pone en duda que la honestidad es virtud imprescindible para quien gobierna un municipio. La del intendente y sus funcionarios de confianza. De nada sirve que la máxima autoridad tenga las manos limpias si los otros se ensucian hasta los dedos gordos de los pies.

No basta, sin embargo, con ser honesto. También el intendente tiene que demostrar eficiencia, capacidad. Es decir, gastar el dinero en obras y servicios que ayuden a elevar la calidad de vida de las personas que viven en la comunidad.

El grave problema de algunos intendentes, al comienzo de su mandato, suele ser que no entienden por dónde comenzar. Ni idea tienen de lo que hay que hacer, cómo hay que hacer y para qué hacer. Cuando se sientan en su apyka de autoridá guasu encontrarán sus mentes en blanco, lo cual es negro para el futuro de la comunidad. Quiere decir que umi tipo mba'evete asy ndojapomo'âi.

Literalmente, van a calentar sus sillas. E intentar que pase su periodo de mandato sin tantas penas, pero con la absoluta certeza de que no persiguen la gloria de una intendencia que quede para la historia por sus logros.

La salida inteligente para la ignorancia es la sabiduría de rodearse de personas que sí entienden el kure kutu complicado que es liderar un distrito para construir su progreso y desarrollo.

A esta altura es vano cuestionar a los que se presentan sin contar con la más mínima noción de administración municipal. Muchos van a ganar. Se tendrán los hechos consumados en las urnas, lo cual ya será imposible de revertir, puesto que en el Paraguay no hay revocatoria de mandato, como sí existe en Venezuela, una especie de retest de mediados de gestión.

Para los vaka cháko que salgan electos este domingo no les va a sobrar más remedio que buscar colaboradores que les muestren el camino y les ayuden a intentar un buen gobierno local. Lo primero es la burocracia de los papeles: todo debe estar en orden, de acuerdo a lo que ordena la Ley Orgánica Municipal de 285 artículos, promulgada a comienzos de este año.

Una buena gestión municipal está obligada a operar conforme a Derecho. No es que los intendentes, al ganar en la cancha -las urnas-, ya tengan vía libre para hacer lo que se les antoje, como algunos creen. La Contraloría General de la República les va a tener entre ceja y ceja.

El primer secreto de una buena gestión es dominar los pasos legales que hay que recorrer para construir un puente, comprar gasoíl para la reparación de caminos vecinales, adquirir ventiladores, levantar un tinglado, nombrar un oficial de tablada -el que, supuestamente, controla en las compañías el no faenamiento de vacunos robados- y en qué casos es aplicable una contribución especial.

Otro aspecto estratégico es la relación armónica con las juntas municipales. Es muy triste que el internismo entre el intendente y los concejales perjudique a la gente. Desde el momento en que son electos, están para servir a sus comunidades, no para pelearse como perros y gatos. Un buen ejemplo de que los colores de las banderas políticas se diluyen al día siguiente de las elecciones para que todos se pongan a trabajar en beneficio de la colectividad es la administración saliente de Itauguá.

Los royalties de Itaipú son otro frente de tormenta. Está claramente establecido que los fondos deben ser empleados para proyectos de desarrollo. No es para pagar sueldos ni la cuenta del intendente que prestó plata de una financiera para su campaña electoral.

La carrera está a punto de comenzar. Al final del domingo habrá humo blanco en todos los municipios. Ojalá desde el lunes no empiece a ennegrecerse y a envenenar a los electores.

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